La Virgen de la Merced y su basílica en la ciudad de Lima – Perú

Intro
La Virgen de la Merced y su basílica en la ciudad de Lima – Perú

La fe que mueve montañas

 

Sin lugar a dudas, desde nuestra experiencia carismático-redentora podemos decir que la fe mueve montañas, y es por medio de esta fe que se visualiza en el Pueblo de Dios la promoción de una cultura de valores en torno a una religión que se inquieta por encontrar la verdad en Cristo Jesús. De tal manera, que allí donde se hace una diagramación para construir una aldea, un pueblo, o una ciudad surge la idea de separar un espacio o porción de terreno para dar culto a Dios. Es por ello, que desde la fundación de las nuevas ciudades en tiempo de la Lima colonial se ubicaron los solares para edificar el Templo y Convento de Nuestra Señora de la Merced.

Fue así como se iniciaron los trabajos de aquellos religiosos mercedarios que encontrando el camino de san Pedro Nolasco y la Virgen María de la Merced promovieron un modo de evangelizar a nuestro pueblo. De esta manera, desde antaño y con el transcurrir del tiempo encontramos en la sexta cuadra del transcurrido Jirón de la Unión, la Basílica de Nuestra Señora de la Merced, a la cual nos referimos en el presente artículo.

Efectivamente, valorar los santuarios, basílicas, templos, capillas, ermitas y otros lugares de culto al Señor y a la Virgen nos invitan a interesarnos por los monumentos histórico-artísticos y las diversas manifestaciones que se presentan en nuestros pueblos a raíz de los diversos caminos de evangelización, sobretodo porque cada uno de ellos significan una actividad eclesial como fruto del desarrollo de la fe en Cristo y su Iglesia.

Valorando nuestra identidad

El Perú, emporio turístico

Es loable manifestar que la riqueza de recursos naturales, históricos, religiosos y culturales del Perú nos permiten reflexionar sobre la «naturaleza cristiano-mariana» que en su constante difusión de la fe ha involucrado las causas y efectos socio-culturales entre las diversas zonas geográficas que posee nuestro suelo nacional. El Perú, lugar del Señorío de los Incas, del mestizaje y encuentro de dos mundos posee numerosos atractivos que despiertan la curiosidad de conocerlos y hacen posible su visita en un panorama turístico-religioso.

Por la riqueza de sus tres regiones naturales nuestra patria puede ofertar en la costa: sol, playa, juegos de azar, campings, turismo de aventura, museos de sitio, ciudades cosmopolitas, campiñas y atractivos rurales. En la sierra: tiene posibilidades de ofrecer ecología, sol, lluvia, efectos naturales y climatológicos variados, coloridos paisajes, artesanía, restos arqueológicos, danzas autóctonas, comidas típicas, caminatas, aguas termales y canotaje. En la selva: por su clima tropical encontrará multiplicidad de dones plasmados en sus bellas mujeres, danzas festivas, grupos étnicos, ecoturismo, paseos por los caudalosos ríos, incursiones para exploradores y amantes de la naturaleza.

Así es el Perú, lleno de misterio y de grandes valores ético-culturales, que han hecho factible su desarrollo. Hace algunos años, el tema del turismo en el Perú englobaba algunos esfuerzos con miras a obtener mayores divisas, pero sin enfatizar mucho en la calidad de los servicios prestados. En los últimos tiempos, los giros políticos sectoriales y globalizantes van mostrando inquietudes positivas para su desarrollo y eficiencia mejorando la calidad y excelencia de los servicios y la previa capacitación especializada del personal inmerso en esta actividad; factores que están haciendo posible el crecimiento de la demanda turística tanto receptiva como nacional.

 

El Perú, contexto religioso

Es significativo que a lo largo de todo nuestro territorio nos encontremos con una diversidad de manifestaciones religiosas, que testimonian la fe, la devoción y el sentido por el Dios de la Vida, la súplica e intercesión de los santos y la protección de la Virgen María,  como resultante de la relación del hombre-Dios y viceversa.

A veces, nos resulta familiar el «hecho» que al visitar algunos pueblos nos encontremos con grupos de pobladores en peregrinación, que tengan devoción a las cruces o que se encuentren a los mayordomos, mayorales o alferados festejando al santo patrón o rindiendo homenaje a la Santa Virgen. Hay una frase popular que sintetiza todo este ardor de comunicación con lo divino: «en el Perú hay de todo y para todos», especialmente tratándose del factor religioso observamos una gama de celebraciones que en determinados momentos llegan a visualizar el centro y el cauce de la común-unión de muchos hijos hacia Dios.

En forma breve, pongo en mención algunos casos que ayudan a entender nuestra religiosidad popular en torno a los Santuarios, como por ejemplo:

  • el Señor de Qoylloriti en el Cusco, donde centenares de personas caminan por las alturas y en plena nieve danzan, cantan y alaban a Dios;
  • la Cruz de Chalpón o de Motupe en el norte del departamento de la Libertad, donde se fusiona la visita piadosa y el aspecto comercial de la fiesta estableciéndose las famosas «vivanderas» o «toldos» (puestos o pequeños negocios que expenden comidas y bebidas, artículos religiosos, desde una pequeña cruz hasta libros e imágenes, que tienen significados diversos y aún sincretistas, de la visita realizada);
  • el Señor de los Milagros en Lima y su gran despertar católico en el mes de octubre, también registra el modus vivendi de una sociedad de consumo que interpreta a su modo de ver la pasión por la cruz de Cristo que recuerda las acciones del barrio de Pachacamilla y el encuentro con sus hijos en ambiente de fiesta, perdón y reconciliación[1];
  • Santa Rosa de Lima y toda la devoción que genera la valoración de los santos peruanos al igual que San Martín de Porres, el santo de los pobres;
  • el milagroso Señor de Huanca en el Valle sagrado de los Incas, su sentido y recogimiento en las peregrinaciones y el Corpus Christi en el Cusco[2];
  • las advocaciones marianas como: la Virgen de la Puerta en Otuzco (La Libertad); la Virgen de Chapi en Arequipa; la Candelaria y todo su colorido entre el mes de febrero y las frívolas tierras del Altiplano puneño, a pocas horas del famoso santuario de la Virgen de Copacabana en Bolivia, la Virgen del Consuelo en la ciudad blanca de Arequipa, Nuestra Señora de Monserrat, la Virgen Asunta, la Inmaculada, del Rosario, de la Antigua y otras devociones a María que han sensibilizado la devoción popular en el Perú[3].

El diario «El Comercio» de Lima, en un artículo fechado el 9 de junio de 1994, presentaba una estadística sobre las fiestas patronales celebradas en la ciudad capital, el cual, reflejaba la influencia de las grandes masas populares que por efecto de las migraciones de los últimos años habían  hecho posible la celebración de 140 fiestas religiosas durante todo un año, resultado de una encuesta realizada a 23 distritos de la gran ciudad. Valioso aporte científico-social que denotaba un indicador que a nivel de misión Ad-gentes se presentaba como un fenómeno galopante del hecho religioso que la Iglesia Católica Peruana tenía que poner atención para analizar, revisar y plantear orientaciones de una buena y mejor evangelización cristiana.

He querido dinamizar estas primeras y sintéticas líneas discurriendo en una panorámica turístico-religiosa del acontecer en el Perú, puesto que, la gama de eventos y manifestaciones que permiten observar el folcklore religioso es atracción sensible y atrayente para las personas que están inmersas en lo mágico-simbólico, imaginario y místico, festivo-teatral, comunal o político; que si bien es cierto, al no estar bien orientados, corren el riesgo de convertirse en nuevos elementos o rezagos de la devotio moderna, por el mismo hecho que sublima las acciones, sentimientos y patrones de conducta entre las personas; estudiando la realidad nacional el P. Marzal, antropólogo y estudioso jesuita al hablar de la fiesta dice: los rituales festivos son aquellos que se celebran para festejar las imágenes. La fiesta, es celebración religiosa-social, allí se rinde culto a Dios, se manifiesta la fe, la fidelidad al ser divino, se respetan las costumbres y se otorga un prestigio social a los demás[4].

Entre las diversidad de fiestas ya mencionadas, también encontramos relevantes comunidades religiosas, que desde los primeros años de la evangelización del Nuevo Mundo, llevaron el evangelio de Cristo con esfuerzos, métodos y dedicación. Con la formación de las nuevas ciudades que se establecían en las nuevas metrópolis del Nuevo Mundo; en la tres veces coronada «Ciudad de los Reyes» (Lima) nos encontramos con la Orden de la Merced, que durante siglos ha dejado huellas redentoras en el acontecer de la  evangelización peruana[5].

 

La Orden de la Merced: orgullo de redentores

 

Pinceladas históricas

Para nuestros lectores que conocen poco sobre la vida mercedaria les manifestamos que la Orden religiosa de la Bienaventurada Virgen María de la Merced fue fundada en 1218 en Barcelona-España por San Pedro Nolasco; el cual, apoyado por el Rey Jaime I de Aragón, haciendo una relectura del Evangelio inició su obra en favor de los cautivos cristianos en peligros de perder su fe, que en líneas generales eran hombres y mujeres desplazados de su tiempo. Poniendo en práctica su labor de servicio evangélico centró su finalidad en «la redención de los cautivos», aspecto que consolidó el carisma mercedario que se difundió en la Europa del S. XIII al visitarlos y liberarlos de las manos de los musulmanes que asediaron la península Ibérica en aquellos tiempos.

Según los apuntes de los cronistas y las investigaciones realizadas por los amantes de la Historia, se detallan cómo los mercedarios llegan a las Indias (al Nuevo Mundo), iniciando así su labor evangelizadora en las tierras de Centroamérica y América del Sur; momentos cruciales, donde sobresalieron los religiosos como: fr. Juan de Solórzano, mártir que derramó su sangre en defensa del Evangelio; fr. Bartolomé de Olmedo, capellán y consejero de Hernán Cortez al llegar a México; fr. Miguel de Orenes, primer Comendador del Convento mercedario de Lima, fr. Antonio Bravo, quien celebró la primera misa en Lima; fr. Francisco de Bobadilla, evangelizó Nicaragua, ayudó al aviamiento de Pizarro en el Perú, como juez-árbitro en la contienda entre Pizarro y Almagro, dictó sentencia el 15 de Noviembre de 1537[6], y  fr. Pedro Urraca de la Santísima Trinidad, religioso místico del S. XVI.

Después que Francisco Pizarro colocó la primera piedra para construir la Basílica Metropolitana (hoy, la Catedral de Lima) que fue inaugurada el 11 de Marzo de 1540 «a la vez se dio comienzo a los templos de Santo Domingo y la Merced por los religiosos que habían llegado con el conquistador»[7]. Cabe resaltar, que los servicios parroquiales se celebraban en el Templo de la Merced donde estuvo inicialmente la pila bautismal.

Así pues, se detalla que en la fundación de Lima habían ya cuatro frailes mercedarios: fr. Antonio Bravo, fr. Miguel de Orenes, fr. Martín de Vitoria y fr. Diego Martínez[8].

 

 

La Basílica de la Virgen de la Merced en Lima

En cada santuario se pueden reconocer las huellas

de la gran bondad del Señor para nosotros.

(Gregorio de Nisa).

Se narra que para la construcción de la primera iglesia, obtuvieron cuatro solares al igual que Don Francisco Pizarro en el lugar que hasta hoy permanecen[9]. Desde 1535 se construyó una capilla pequeña, de construcción precaria, pobres materiales, adobes y esteras que fue terminada el 13 de abril de1537. En 1541 se iniciaron las construcciones bajo la advocación de San Miguel Arcángel compuesta de un solo cuerpo, capillas laterales, catacumbas, capilla mayor de cal y ladrillo con muros de adobe, costeada por Doña María de Escobar[10]. Años más tarde, el 12 de mayo de 1589 se acordó adosar una torre que se terminó diez años después; de esta manera, se estrenó la torre-campanario construida por Alonso de Morales siendo Comendador fr. Diego de Angulo, la misma que resaltaba sus galerías escalonadas, y en aquél entonces llegó a ser la más alta y bella de la ciudad (según los testimonios del P. Bernabé Cobo); aún más, fue valorada como la primera torre edificada en Lima.

Iniciando el siglo XVII, el Virrey Marqués de Montesclaros, la amplió con naves laterales que le dieron mayor prestancia y amplitud. Desde 1613 el albañil Cristóbal Gómez empieza la edificación de un recinto más amplio para los religiosos, en su composición arquitectónica destacaban los claustros de dos plantas y mayores espacios para el número de frailes que habitaban en dicho lugar. El 28 de mayo de 1614, el arquitecto Andrés de Espinoza realizó nuevos trazos para rehacer la Capilla Mayor de cantería y ladrillo, la misma que fue terminada el 3 de agosto de 1621 junto con el altar de la Piedad. Nuevamente se concertó con el Maestro Espinoza reconstruir la Iglesia, con materiales nobles y consistentes en los muros y bóvedas, capillas laterales, con adorno interior, así como las puertas hacia el exterior, aspectos que fueron mejorando su belleza.

Las obras quedaron inconclusas, al realizar Espinoza trabajos en la Catedral de Arequipa. Sin embargo, el 5 de mayo de 1628 se encargó de la obra fr. Pedro Galeano, sacerdote e hijo de María de la Merced quien proyectó una Capilla Mayor, amplia y espaciosa, conteniendo crucero sin bóvedas y de estilo barroco. Obra maestra que fue desarrollada desde 1630 por la ayuda del capitán Bernardo de Villegas, benefactor de la Orden, quien contribuyó económicamente a construir todo el Templo de acuerdo a los nuevos trazos. Así, se consolidaron los esfuerzos para concluir la obra, a pesar de los fenómenos sísmicos que hubo siempre en Lima, como en 1687 cuando se cayeron los techos de crucería y se hicieron más livianos.

Esta obra histórica-cultural se ha destacado por tener características de valor intrínseco, fruto de su construcción que le otorgó aspectos peculiares que la caracterizan: templo de cruz latina, inscrita en rectángulo y restaurada en su elevación; amplia con tres naves, la central alta y espaciosa, dos naves laterales con retablos comunicados entre sí por arcos de medio punto y gruesos pilares. Sobretodo, la portada barroca del templo reconstruida en este siglo ha sido un legado del arte religioso-colonial.

El 24 de abril de 1773 hubo un incendio en el interior de la Sacristía que consumió toda la fina cajonería barroca y los ornamentos religiosos que se utilizaban en las diversas celebraciones, pérdida inestimable que gracias a Dios fue reconstruida con las donaciones del Arzobispo de Lima: Don Antonio de Parada, cuyo retrato forma parte del conjunto de elementos pictóricos que se ubican actualmente en la parte superior de la sacristía en mención.

La virgen titular de la Basílica es: la Virgen de la Merced o como dicen los mercedarios «Nuestra Madre de la Merced»[11], que en 1730 fue jurada como la «Patrona de los Campos de Lima», en 1823 se la reconoció como «Patrona de las Armas del Perú» y el día 24 de setiembre de 1921 fue canónicamente coronada, siendo los padrinos el Presidente de la República don Augusto B. Leguía y la señorita Josefa, duquesa de Goyoneche. El Papa Pío XI expidió el indulto apostólico el día 12 de diciembre de 1924 concediendo el título de Basílica Menor al templo que hoy estamos haciendo alusión.

Estimando su valor patrimonial incalculable, en 1939 el Consejo de Restauración de Monumentos Históricos, inició los trabajos de reconstrucción al mando de Emilio Hart-Terré, director de dicha institución, quien ayudado por el artífice Enrique García Monterroso devolvieron su esplendor inicial a la fachada principal. Un año más tarde, se produjo un sismo que causó graves daños al templo y a la casa religiosa, hecho por el cual el 12 de julio de 1940 por Resolución Suprema la Junta de Pro-desocupados realizó trabajos de restauración en su interior terminando el 23 de setiembre de 1941, cuando la comunidad mercedaria se preparaba para celebrar las Vísperas en honor a su Patrona: la Madre de la Merced, redentora de cautivos.

Continuando con las inquietudes de conservar y mantener esta joya arquitectónica, en 1987 se iniciaron las obras de restauración de la Cúpula que se levanta sobre la escalera principal del Convento y que conecta los dos claustros que hasta hoy se pueden admirar. Tal obra se pudo culminar con los donativos de la Embajada de España e Inversiones Metropolitanas de Lima (INVERMET). Posteriormente se realizaron los trabajos de restauración de la Cúpula y el Camarín de la Virgen, que hoy lucen en todo su esplendor el arte rococó francés. A la vez, se realizaron obras de restauración de las tres fases de la torre-campanario, cuya primera fase se concluyó el año 1998; posteriormente gracias a la iniciativa de los últimos Superiores Provinciales de la Provincia Mercedaria del Perú (P. Juan Marcial Tejada Manrique, P. Miguel Velásquez Mercado y quien escribe este artículo) se asumieron los costos y se dio por concluida la obra a mediados del año 2005. La torre hoy luce hermosa, reforzada desde la base en forma señorial conserva las campanas que repican solamente en el mes de setiembre, mes de la Virgen patrona de los mercedarios.

 

 

Cualidades artísticas: Riqueza cultural-religiosa

 

El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro, decía Antonio Raimondi, cuando visitaba, contemplaba y estudiaba nuestras tierras de grandeza y generosidad natural[12]. Con la práctica, educación y cultivo de las artes sobresalieron grandes alarifes y artesanos nacionales que plasmaron sus experiencias e ingenio en las obras que hasta hoy podemos admirar.

Los mercedarios en el proceso de la evangelización peruana se establecieron en diversos lugares del país dejando como huella su carisma y amor a la Virgen, a quien le han dedicado horas los poetas, escritores y artistas, y qué decir de las melodías andinas que suplican su intercesión diciendo: Mamacha de las Mercedes, ¿qué es lo que pasa aquí?, o de los vocablos rítmico-salseros que la proclaman como la Virgen de las Mercedes, patrona de los reclusos.

Si viajáramos por diversos rincones de nuestra patria peruana, nos encontraríamos siempre con una devoción referida a la advocación mercedaria, tal es el caso de lugares como: el puerto de Paita en Piura, que convoca a miles de fieles y peregrinos en el mes de setiembre; Trujillo, ciudad de la Primavera, alegre por sus corsos y bellas reinas; Paramonga y su riqueza en la industria papelera; Huacho, capital de la hospitalidad y hermosas playas, con su Iglesia y centenario colegio mercedario; las manifestaciones en Carhuaz-Ancash, lugar de la belleza ecológica y lindas flores; La Merced-Chanchamayo, ceja de selva que ofrece una nueva imagen del Perú; Huancayo, lugar de coloridos paisajes y alegres corazones; Huánuco, la tierra del permanente sol y su Parroquia del Sagrario en honor a la Virgen; Ayacucho y su ancestral templo, lugar apacible que se contagia con la vida cristiana de una religiosidad y fervor de su pobladores; Lima, ciudad capital, centro y corazón de nuestra nación y sus diversas manifestaciones religiosas; Arequipa, la ciudad blanca llena de volcanes y yaravíes vio florecer a los mercedarios desde los primeros momentos de la evangelización; Puno, el lago Titicaca y su ancestral pueblo de los Uros, lugar de misión y Parroquia netamente mercedaria; Cusco, la ciudad imperial que conserva celosamente verdaderas joyas arquitectónicas; y qué decir de la colorida y enigmática selva donde seguimos encontrando huellas de merced y misericordia como en el sector de Chachapoyas, Moyabamba, San José de Sisa, y otros pueblos que integran  nuestras  tres  regiones naturales.

En los últimos tiempos hemos visto que la Virgen de la Merced es patrona en muchos lugares más, como es el caso del pueblo de Callash-Cajamarca, tierra del lego mercedario fray Sebastián de la Cruz y del Espíritu Santo (1668-1721)[13], en la Unidad de Servicios Educativos de Cangallo-Ayacucho; San Buenaventura-Canta donde se encuentra las imágenes de la Meche chica y la Meche grande denominadas así porque el formato pequeño de la Virgen fue llevada en tiempos de la Colonia y la grande es la que se ha confeccionado en los últimos tiempos y sale en procesión durante el mes de María de la Merced; por ejemplo en el caserío de Huanchay, distrito de san Marcos en la Provincia de Huari-Ancash se encuentran rasgos de la primera evangelización de los redentores; y gracias a la difusión de las imágenes que realiza la Orden en el Perú, el presente año se ha donado una imagen de la Madre de Dios para que permanezca siempre en la capilla del Campus universitario de la Universidad Nacional Agraria de La Molina-Lima, quienes junto al Rector, catedráticos y alumnos se han consagrado a la Virgen durante el año 2005[14].

Acorde con esta sensibilidad del Pueblo de Dios es como se puede entender la majestuosidad de los templos y basílicas erigidas en honor a la Madre de Dios y de la Iglesia. En el Convento Mercedario del Cusco por ejemplo, podemos constatar la belleza de su arquitectura labrada en piedra, amplios claustros, hermosa iglesia colonial con altares laterales revestidos en pan de oro, imponentes tallados e imaginería de famosos pintores, escultores y artesanos europeos y nacionales. Y en Lima, llena de iglesias y monasterios, revela en su ancestral tradición lo que celosamente guarda en su interior la Basílica y el Convento de Nuestra Señora de la Merced; entre los cuales podemos admirar:

  • La famosa «fachada del templo» de tipo barroca, que conserva una recargada serie de columnas corintias y hornacinas relucientes con pámpanos hermosos que demuestran un arte más autóctono;
  • los «retablos» que adornan las naves de la Epístola y del Evangelio y algunos altares trabajados en pan de oro que se imponen ante la tenue luz del templo.
  • el «Cristo de la Conquista», al frente del púlpito, talla colonial en madera y de buena factura que se caracteriza por ser un crucificado con cuatro clavos en actitud sufriente, con el vientre hundido, algunos estudiosos del arte atribuyen que el autor se inspiró en las visiones de Santa Brígida;
  • el «Señor del Auxilio» de Martínez Montañez, ubicado en uno de los altares de la nave epistolar; obra que fue restaurada por el interés cultural y ayuda del Banco de Crédito del Perú para la exposición de los «Cristos de Lima colonial», además;
  • la «bóveda de crucería», imponente, decorada, y asentada en columnas románicas revestidas con motivos arabescos, la misma que abre paso a la escalinata mármorea que conduce a la amplia explanada con la sillería presbiteral, atriles en pan de oro representando a los cuatro evangelistas, y
  • el retablo del «Altar Mayor», de estilo neoclásico, cuyo reluciente dorado bruñido y pulido según la costumbre de la época abre espacio para los tres cuerpos que integran dicho retablo, con un lugar digno para el Santísimo Sacramento, ambiente para el Expositorio y mirando hacia arriba, en la hornacina central está la «Virgen titular de la iglesia» que luce esplendorosa su estilo románico[15].
  • Y, para los interesados en el arte pictórico, se encuentra en la Sacristía una serie de cuadros que representan «la vida de la Virgen María», de autor anónimo, pertenecientes a la escuela limeña del S. XVIII; así como «pinturas del arte rococó francés plasmadas en vidrio», representando las escenas bíblicas de José vendido por sus hermanos y el tema del Padre misericordioso o llamado el hijo pródigo,
  • de la misma manera, ingresando al Claustro principal experimentamos el contraste entre el agitado y bullicioso jirón de la Unión y el apacible silencio que guardan las paredes y arcos coloniales del hermoso patio donde se halla la «serie de cuadros de San Pedro Nolasco», de los artistas nacionales Julián Jayo, José Bermejo y Juan de Mata Coronado, pintores del S. XVIII[16].
  • También podemos admirar su famosa «escalera señorial» que se conecta con la segunda planta de ambos claustros,
  • y el «Coro alto», lugar de oración y recogimiento que muestra una impresionante sillería coral con alusiones de ángeles policromados que rezan el Oficio divino y un facistol armónicamente tallado en madera coronado por la imagen de la Inmaculada Concepción de María, fina talla de arte colonial.

Éstas y otras obras importantes podemos seguir señalando pero las dejamos de mencionar para continuar con nuestro propósito de estudio[17]. De esta manera, todos los interesados y amantes de la cultura podrán ver en este Patrimonio religioso una inestimable riqueza que representa la armonía del espíritu humano que siempre ha deseado elevar su mente y corazón hacia Dios.

 

 

La basílica mercedaria y sus elementos marianos

 

Una iglesia ha sido edificada para acoger

y acrecentar la fe del pueblo creyente.

Ha sido una guía y peregrinaje espiritual.

Más que un espacio arquitectónico

es un edificio eclesiológico,

una manifestación teofánica

  que nos lleva a configurarnos

con la trascendencia.

(Jsavelu).

 

 

A partir del Concilio Vaticano II, las Conferencias Episcopales Latinoamericanas, los Documentos magisteriales, Encuentros Internacionales, Sínodos locales y regionales, han permitido dar una mirada atenta a la pastoral de Santuarios y las nuevas fórmulas de evangelización. La Arquidiócesis de Lima desde hace unos años ha denominado «Santuarios de Lima Cuadrada» a todas las iglesias que desde los primeros años de evangelización han difundido la Buena Nueva de Jesucristo. Hay reuniones mensuales de los responsables de Santuarios y van orientados por la pastoral de la Parroquia «El Sagrario» en aspectos sacramentales, culto y liturgia.

La Basílica Menor de la Merced, englobada en esta realidad pastoral trasluce lo que en Santo Domingo se reflexionaba, con la intención de poner especial atención en  la valorización de la piedad popular, donde encontramos expresiones especiales como: la devoción a la Santísima Virgen, las peregrinaciones a los santuarios y las fiestas religiosas iluminadas por la Palabra de Dios[18].

 

El culto mariano, por medio de la predicación de Jesucristo el Resucitado, se ha enraizado en el Perú desde la difusión de la Palabra de los primeros misioneros, los Concilios Limenses y la publicación de los Catecismos, así como la llegada y fundación de las Congregaciones femeninas, Agrupaciones, Confraternidades y Hermandades laicales. También ha influido mucho el desarrollo del pensamiento en torno al rol de la mujer y los modelos de santidad, la devoción y culto a la Virgen, el modo de incentivar la celebración de las fiestas marianas; de tal manera, que se puede decir que la presencia de María en América tiene una característica y es la armonía entre el sentimiento religioso y el espíritu nacional[19], eso que pudiéramos llamar el evangelio mariológico o el principio mariano de la Iglesia[20].

 

 

Lugar privilegiado del encuentro con María

 

Es impresionante el movimiento que genera la Basílica mercedaria cada día, se abren las puertas del templo a las 7.00 a.m. y se cierran mayormente entre las 8.30 o 9.00 de la noche, con una pausa para la limpieza, almuerzo y descanso de los religiosos y trabajadores que atienden en dicho recinto entre la 1.00 hasta las 4.00 de la tarde. En el espacio de estas horas de atención y servicio religioso, los fieles entran y salen de la iglesia visitando, orando y celebrando la fe que por tradición ha generado «la teología y la evangelización mercedaria» así como la «imaginería cristológica y mariana existente hasta hoy» en dicho lugar.

 

 

Su teología evangelizadora y los diversos títulos de la Virgen

 

Basada en textos bíblicos de redención, el Proemio de las Constituciones Amerianas de 1272 que destaca la terminología del «visitar y redimir», la dimensión trinitaria y la relación María-Pedro Nolasco, se difunde constantemente por el énfasis en las homilías y catequesis en base a los Documentos magisteriales como: Redemptor Hominis, Redemptoris Mater, Marialis Cultus, Christifideles Laici, Espiritualidad Mercedaria, Los Mercedarios y la Nueva evangelización, La palabra mercedaria desde el Concilio Vaticano II, y otros textos que están siempre actualizando el carisma fundacional.

 

Este camino de reflexión permite acoger a los fieles que se congregan en el templo en búsqueda de alimento espiritual, con sus dolores y sufrimientos, acción de gracias y alegría de ser cristianos, con sus deseos de conocer a Dios. Son estos los momentos que el religioso y laico mercedario aprovecha para difundir no sólo el carisma, sino la devoción y afianzamiento en la fe en Cristo, María y los santos.

Sin lugar a dudas, los nombres de María: redentora de los cautivos, madre liberadora, merced de Dios para los hombres, signo de la misericordia, evocadora de los misterios de su Hijo, nuestra Madre, patrona de las cárceles y madre de los presos, han marcado el corazón de muchos devotos mercedarios que se acogen bajo el manto maternal de la Virgen[21], se proponen visitas diarias antes de iniciar su trabajo, sobretodo, los que trabajan en los bancos y negocios aledaños al centro de la ciudad; buscan la intercesión y mediación de la santísima Virgen; rezan, acompañan con su silencio, contemplan altares y se hacen devotos fieles de imágenes respetables. Desde mi percepción y experiencia, puedo resumir este párrafo diciendo que María en sus diversas denominaciones es catequesis y evangelización concreta que siempre nos reporta a su Hijo Redentor. En efecto, sabemos que por el camino de María podemos conocer a Cristo, y por ello el mercedario predica diciendo: todo con María, nada sin María, pero siempre en vista a Cristo nuestro centro y nuestra salvación.

 

 

Múltiples advocaciones marianas

El poblador urbano lleno de tantas preocupaciones, encuentra en el templo momentos de cercanía, diálogo, veneración, ayuda y camino de santificación; cierto, que la catequesis y los métodos de evangelización han logrado todo esto. Curiosamente si hacemos una visita y nos detenemos en cada uno de los altares nos encontramos con una advocación a la Madre de Dios, como a continuación se puede señalar:

  • en la nave de la epístola (entrando al templo por el jirón de la Unión hacia la mano derecha) están las devociones a la Virgen de la Antigua o de la Rosa, patrona de los marineros y navegantes que enfilaban nuevas rutas en su apogeo de los descubrimientos y caminar comercial; la Virgen coronada por la Santísima Trinidad, pequeño altar inspirado en las visiones del P. Urraca de la Santísima Trinidad del cual el siervo de Dios era muy devoto; la Virgen del Uruguay que fue entronizada a finales de la década de los años ’90 por iniciativa del Consulado establecido en nuestro país; la Virgen-Madre de la Merced con el niño en brazos y la Virgen al pie de la cruz, cuyas escenas nos ayudan a comprender mejor las manifestaciones de los evangelistas san Lucas y san Juan, de esa manera se entiende mejor la ternura de Dios a través del camino de la Madre.
  • en el altar Mayor se ubica en la hornacina central la venerada imagen de la Virgen de la Merced, imponente reina y señora del cielo que al estar prefigurada con los brazos abiertos es señal de la apertura, acogida y misericordia para todos los hijos e hijas de Dios que están en tiempo de tribulación,
  • y en la nave del evangelio (hacia la mano izquierda del templo), están la serie de avocaciones marianas que responden a un tiempo fuerte de marianismo eclesial, tiempo de las apariciones aprobadas por la Iglesia y manifestaciones propias que corresponden a un lugar específico en el mundo. Así pues tenemos algunos altares que cobijan a la Virgen de Lourdes, Nuestra Señora del Carmen, la Virgen del Rosario, de la Alta Gracia, la Dolorosa, del Perpetuo Socorro, la morenita de Guadalupe, la Virgen de Fátima, de la Consolación, Nuestra Señora de Copacabana, la santísima Virgen de la Puerta además de las dieciséis pinturas que adornan el interior de la Sacristía, las mismas que nos muestran la Vida de la Virgen y otros cuadros que en el conjunto basilical y conventual se pueden hallar.

Toda una simbología mariana, que para muchos pudiera ser catalogado como un exceso mariológico-mariano; pero, por la sencillez y no exageración del culto de las advocaciones, permite la posibilidad de seguir cultivando una recta evangelización orientada por los religiosos redentores; devociones marianas que se complementan con las diversas imágenes de Cristo en sus aspectos de: Jesús niño llamado «El Doctorcito», el Nazareno, Cristo pobre, Cristo yaciente, flagelado, el Corazón de Jesús, Señor del Auxilio, Señor de la Sentencia, Señor de Huanca; Señor de Qoylloriti así como de los santos: fr. Martín de Porres, santa Rosa de Lima, san Agustín de Hipona, santa Rita de Casia, Teresa de Lisieux, María de Cervellón, la beata Mariana de Jesús, san Hilarión, el apóstol Santiago el Mayor, san Idelfonso, san Juan de Dios, san Camilo de Lelis, y los santos mercedarios san Pedro Nolasco, Pedro Pascual, Pedro Armengol, Serapio Scott y Ramón Nonato que engloban el dinamismo y tarea diaria de evangelización de los frailes mercedarios.

Esta gama de devociones cristológicas, marianas y de figuras eclesiales simbolizan cómo en la ciudad capital, los caminos de evangelización resultan arduos, en su culto, celebración, propagación y purificación de elementos sincréticos que han marcado costumbres y tradiciones desde los tiempos de la Colonia hasta nuestros días, sin dejar de lado la proliferación de las sectas y nuevos movimientos religiosos que desacreditan muchas veces el panorama y desarrollo de nuestra fe católico-cristiana.

Lugar de evangelización

Con una mirada global al santuario como lugar de encuentro con María, podemos recrear nuestra reflexión ante la presencia de la Virgen en la funcionalidad de diversos aspectos que día a día ayudan a la evangelización. Entre ellos tenemos:

La celebración de los Sacramentos

El sacramento de la Eucaristía se celebra diariamente con fe y devoción que brota del amor generoso de los sacerdotes quienes configurados con Cristo responden al servicio de Dios mediante estas acciones litúrgicas que son de aprovechamiento para el Pueblo de Dios. Las eucaristías celebradas con intenciones personales reflejan la fidelidad de la gente a Dios, a la Virgen y a los santos quienes piden por su salud personal, familiar y por las diferentes necesidades de la Iglesia. Especial atención tienen las peticiones de misas para orar por los difuntos, así como la celebración de las fiestas patronales, muchas de ellas traídas del campo hacia la ciudad, fruto de las migraciones causadas en algunas ocasiones por efectos del centralismo o por terrorismo que sufrió nuestro país en la décadas de los años ’70 y ’80 del siglo que pasó. Por ejemplo, las eucaristías donde se celebran los sacramentos de la Confirmación y Primera Comunión son solicitados con anticipación de tiempo puesto que en la basílica-santuario se encuentra espacio, expresiones de vida, recogimiento, admiración de toda la obra salvífica de Dios, y se presta para entrar en sintonía con Dios, como muchos turistas y fieles podemos exclamar ¡Qué hermoso es visitar al Señor en su Templo!.

Es por ello, que en la liturgia de la Iglesia universal hay una fiesta que conmemora la Dedicación de las Basílicas como la de san Pedro, san Juan de Letrán, san Pablo Extramuros y Santa María la Mayor, las cuatro grandes basílicas que nos permiten visualizar la grandeza de Dios en la vida del hombre. Así es amigos lectores, basílicas edificadas con majestuosidad, arte y belleza que nos permiten trascender hacia la gloria de Dios, ¿acaso a Jesús no le gustaba entrar a la sinagoga e iba en peregrinación con José y María a visitar el Templo de Jerusalén?, y cuando vio lo que habían hecho del Templo una guarida de comerciantes y bandidos, entonces reaccionó para restablecer la casa de su Padre Dios. Esta es la Teología del Templo que insertada en la del Cuerpo nos permite ver que somos protagonistas de lo que Dios obra en nosotros y por ello edificamos templos para contemplar los eventos salvíficos de Dios.

Mirando siempre nuestra basílica mercedaria, también observamos que se solicitan  las misas cantadas o rezadas de acuerdo al espíritu de los fieles, devotos y familiares que desean solemnizar dicho sacramento. Es por ello, que en la basílica hay que pensar ¿cómo celebramos el sacramento eucarístico?, ¿nos preparamos para ello con eficacia, anticipación, devoción?, algunos piensan que ya no tienen validez o  sentido celebrar eucaristías pro-populo, pienso que no, al contrario mientras se puede orar por las necesidades de la Iglesia y hay espacio de tiempo sin excederse en la cantidad de celebraciones por sacerdote se debe celebrar por la vida y santidad de muchos fieles en el mundo entero.

En este mismo aspecto hay servicios varios como la celebración de Matrimonios los días viernes o sábados, claro está con la debida aprobación eclesiástica tal como lo establece el Código de Derecho Canónico de la Iglesia en cuanto a traslados y delegación parroquial. Para el sacramento de la Reconciliación el sacerdote celebrante asiste a los fieles antes y después de cada misa y en días de Solemnidades y Fiestas atienden más sacerdotes en vista a tener un mejor servicio en la pastoral de santuarios. En torno a la administración de la Unción de los Enfermos se realiza a petición de los fieles en el momento oportuno y en casos de emergencia con la debida asistencia pastoral. En cuanto a las solicitudes para poder bautizarse se recomienda eclesialmente acudir a su Parroquia de origen o a la Parroquia del Sagrario ubicada al costado de la Basílica Catedral de Lima.

La importancia de la catequesis

De hecho, un santuario decía Juan Pablo II es lugar de la profecía, de la Palabra y de la evocación del Dios vivo a través de la celebración de los santos misterios[22]; es por ello que los mercedarios van comprendiendo en el caminar eclesial que la catequesis en sus diversos modos de presentarla juega un papel importante en la difusión de la fe, sobretodo porque tiene un valor que se circunscribe a la «educación de la fe», por eso llamamos catequesis al conjunto de los esfuerzos realizados en la Iglesia para hacer discípulos, para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios, a fin de que por la fe, tengan la vida en su nombre, y así educarlos e instruirlos en esta vida construyendo el Cuerpo de Cristo en la Iglesia[23].

Visto de este modo, donde se experimenta que la catequesis está unida íntimamente a toda la vida de la Iglesia, entonces vemos que en torno al denominado Claustro de los Doctores entre los sábados o domingos se acogen a niños y jóvenes que despiertan su interés eclesial al prepararse anualmente para la Primera Comunión y Confirmación. Ellos reunidos por grupos son atendidos por catequistas y agentes pastorales de las diversas Fraternidades laicales mercedarias con orientación del Padre Superior de la Basílica y Convento. Las charlas de formación cristiana, en forma esporádica se realizan por iniciativas particulares; y en forma permanente, son desarrolladas por el Plan anual de la Tercera Orden de la Merced o de la Comunidad Urraquina de Lima (COMURLI) que prepara permanentemente agentes pastorales, algunos de ellos tienen reconocimiento del Arzobispado, recordemos que el año 2005 se nombraron voluntarios y misioneros para la Gran Misión de Lima.

El conjunto de las «Fraternidades laicales mercedarias»

En el contexto de la Nueva Evangelización y de acuerdo a los documentos magisteriales de la Iglesia, los laicos son importantes en nuestro caminar. Es por ello que valoramos la participación de ellos en diversas ocasiones que nos honran con su presencia. Por tradición hasta hoy se congregan los Caballeros de la Cofradía de la Orden de la Merced, las hermanas de la Tercera Orden Mercedaria, la Hermandad de la Virgen de la Puerta, los devotos de la Virgen Dolorosa, del Cristo del Auxilio, Apóstol Santiago, el niño Doctorcito, el Grupo de oración del Señor de la Misericordia; y los ya mencionados como Comunidad Pro-beatificación del V. P. Fr. Pedro Urraca de la Santísima Trinidad.

Entre sus actividades pastorales de tipo social-solidario se pueden señalar: el desayuno para los pobres cada sábado (el cual es desarrollado por turnos ya pactados en reunión de Fraternidades laicales como signo de la organización y ayuda a favor de los necesitados; es decir, un sábado por cada institución que se compromete a realizar dichos actos); el último sábado de cada mes hay procesión de la Virgen de la Merced por los claustros del convento y se rezan las letanías por los cautivos cristianos según Ritual de la Orden. También es bueno mencionar las acciones caritativas como: la recolección y reparto de ropa, chocolatada y fiesta de Navidad para niños y niñas de las zonas periféricas de la ciudad, campañas de solidaridad orientadas a favorecer los barrios marginales e incluso de las provincias que se eligen con anticipación para ser favorecidas (en este punto va el reconocimiento a nuestros Colegios Mercedarios que se unen para estas Campañas y envían sus aportes anualmente); y diversas actividades que se orientan a la asistencia de los enfermos, visita a los asilos u otras actividades que se promueven en determinadas celebraciones litúrgicas, especialmente entre las misas del P. Urraca[24].

Fomentando la Liturgia mariana: Eucología

La renovación Conciliar de la década del año 1960, la edición renovada del Misal y leccionario propio en honor a la Virgen de la Merced de 1976[25], la revisión de las Constituciones mercedarias del año 1986, la elaboración del Ritual de la Orden de 1989, han hecho posible que el Pueblo de Dios, tenga una orientación marcada en el marianismo mercedario. Algunas de ellas son signos del mercedarismo incrementado a  través de los siglos sea por lo que dictaban las Constituciones de la Orden o por la fidelidad y perseverancia expresada en diversas formas de ritualismos propios den torno a la época de una pedagogía religiosa que difundió el amor, respeto y cariño a la Madre de Dios.

El canto de la Salve, rezo del Santo Rosario, Exposición al Santísimo sacramento y la Misa Sabatina mercedaria[26]  que se realizan desde las 5.30 p.m. hasta las 7.00 de la noche, es una muestra de la génesis y tradición en la Orden, cuyos frailes al estilo monacal nos remontan a las enseñanzas rituales del siglo XIII cuando se entraba procesionalmente al templo cantando las maravillas al Señor y a la Virgen, de tal manera que se produce el gran encuentro con Dios y por lo tanto con María evangelizada y evangelizadora.

Así pues, la procesión de ingreso de los frailes se inicia con el canto de entrada, que mayormente está en relación con el Magnificat o con algún otro canto que expresa diciendo: María es la Reina, Madre y Señora de los hijos que imploran al Padre redención (canto: María de la Merced); los religiosos en peregrinación caminando por la nave central del templo van portando velas encendidas al igual que los fieles que esperan en dicho recinto sagrado (recordemos la manifestación del pueblo en el siglo V cuando en Éfeso se proclamó a María la Theotokos -Madre de Dios- toda la gente al conocer dicho dogma de fe salió a las calles con cirios encendidos dando vivas a Dios). Cuando se llega al presbiterio se entona la Salve regina y el himno al patriarca san Pedro Nolasco, el fundador; mientras tanto se acerca el acólito al ministro presidente quien comienza el rito de la bendición de los religiosos y fieles asperjando el agua bendita a los devotos de María de la Merced. Concluidas las oraciones según ritual se invita a los fieles a participar del rezo del santo Rosario en sus misterios gozosos y las letanías por los cautivos[27].

Posteriormente se complementa el ciclo de oraciones con la Salutación Sabatina que comprende la Oración preparatoria, el rezo mismo de la salutación encuentra en esta parte una riqueza al recitar las tres Ave Marías mercedarias, oraciones que nos invitan a reflexionar en la Virgen como la purísima azucena de la Merced, aquella suavísima rosa del celestial paraíso, cuya nube fecunda de divinas mercedes riega el huerto de nuestro árido corazón. Esta es la realidad nuestra en el caminar de la Iglesia, por ello encontramos cada sábado la necesidad de estar junto a la Madre como el discípulo amado que la acogió en su casa a ejemplo del evangelio de san Juan (cf. Jn 19, 25-27). De esta manera podemos visualizar dos temas inclusivos en el rito del saludo a la Madre de Mercedes los cuales son: «la santidad y pureza de María» al decir: Santa, santa eres María, vencedora del infierno, Redentora de cautivos y Madre de toda Merced, llenos están los cielos y la tierra de tu gloria; y el «tema la Virgen unida a la Santísima Trinidad» diciendo todos: Gloria a María, hija de Dios Padre, Gloria a María Madre de Dios Hijo y Gloria a María Esposa del Espíritu santo; todo ello  en acción de gracias por los favores recibidos cada día o durante la semana por Dios en el camino de María. Terminado eso, continúa la visita y exposición del Santísimo sacramento rezando como de costumbre la estación mayor, acompañado entre cánticos y oraciones alabando al Dios de la Vida por todo aquello que nos ofrece, especialmente su Cuerpo y Sangre donde experimentamos los frutos de la redención; y al final, la eucaristía según el formulario dedicado a la Santísima Virgen de la Merced, redentora de los cautivos, pidiendo por la salud e intenciones varias en nuestro seguimiento de Jesús[28].

Una de las actividades más importantes y concurridas es la Novena, Solemnidad y procesión que se celebra con diferentes Obispos y sacerdotes invitados, desde el 15 al 23, la fiesta central el día 24 marca la Solemnidad y procesión del mes de setiembre. El Rosario, la novena y las eucaristías diarias tienen intenciones y temática mariana explicativa acorde con los signos de los tiempos, cuyos celebrantes y predicadores buscan el modo de ilustrarnos los signos de María como modelo ejemplar y presencia continua en la vida de la fe para cada día. Sin lugar a dudas, estos días son de una vivencia cristiana fervorosa, se prepara la liturgia con esmero, se visualiza el apoyo y animación de los diversos grupos eclesiales y los fieles invitados pertenecientes a las delegaciones de las Fuerzas Armadas, la Municipalidad de Lima, Órdenes religiosas, monjas mercedarias, alumnos y exalumnos de nuestros colegios expresan su deseo de «consagrarse a la Virgen».

El día de la fiesta central, conmemorando el Día de las Fuerzas Armadas en el Perú, en ceremonia oficial preparada de acuerdo a los protocolos del Ministerio de Defensa se celebra la eucaristía al modo castrense, donde el Obispo del Ordinariato Militar y toda la oficialidad espera la llegada del señor Presidente de la República, su Consejo de Ministros y otras autoridades del país, para dar inicio a dicha celebración eucarística a partir de las nueve o diez de la mañana. Por la tarde a eso de las 4 p.m. la imagen de nuestra Madre de la Merced sale en procesión por las calles centrales de la ciudad[29]. En este contexto procesional, de peregrinación y de hacer camino al andar, del proceso de la teología de la procesión y de la teología de la bendición se puede analizar un bagaje cultural y cultual de la religiosidad popular que mira a María como Madre de todos los vivientes. De esta manera, en el proceso de esta serie de celebraciones se concreta la trilogía de la «misa-fiesta-procesión», momentos claves que describen la realización de toda una expresión de religiosidad popular que se identifica como la pastoral del pueblo en la orientación reflexiva denominada la Biblia de los pobres, la misma que viene a conjugar la serie de súplicas y promesas a la Madre de Dios y de la Iglesia.

Otras celebraciones a tener en cuenta durante el Año litúrgico

Como habíamos anotado anteriormente la pastoral de santuarios en Lima cuadrada es vasta; por ello, la Basílica de la Merced es siempre visitada porque vive su fe y expresa los signos de la fe durante los tiempos fuertes en la Iglesia. Por ejemplo durante la Semana Santa se muestra la vivencia y la unidad celebrativo-eclesial. Todo se trata de celebrar según lo propuesto en el Misal Romano, menos la misa crismal y el lavatorio de los pies, que se celebran en la Iglesia Catedral por manos del Arzobispo de Lima y Primado de la Iglesia en el Perú. Es digno de alabar el famoso Sermón de las tres horas que se realiza allí, con un religioso, diácono o sacerdote mercedario, quienes dinamizan dicha predicación de las siete palabras de Cristo en la cruz, desde las 12.00 hasta las 3.00 de la tarde, para luego continuar con la Liturgia de la Pasión[30].

Así como han participado los fieles en la celebración del Domingo de Ramos, también acuden muchos de ellos a las celebraciones del Via Crucis al interior de la Basílica, acompañando a las imágenes de la Dolorosa y el Cristo yaciente, que son imágenes del altar más antiguo del recinto mercedario. El Viernes de Dolores salen a las calles las imágenes de Jesús Nazareno, el Señor del Auxilio y la Virgen de los Dolores con características iberoamericanas.

El 15 de setiembre, se realza la eucaristía invitando a un Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis (quedan los gratos recuerdos de la asistencia del Monseñor Alberto Brazzini Díaz Uffano, Obispo Auxiliar de Lima que difundió mucho el valor catequético de la Virgen de los Dolores. Cómo no traer alusión el día que dicho Obispo regaló una mantilla traída por el mismo desde España para la imagen de la Dolorosa de la Merced)[31]. Por ejemplo, durante el día 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción se realizan las llamadas Primeras comuniones, lo cual es curioso observar cómo los niños y niñas se visten de color blanco, en señal de su pureza para Dios; de tal manera, que es impresionante verlos cuando al término de la misa ingresan al Claustro principal del Convento mercedario. La Navidad se celebra con alegría, así como las fiestas de los santos de la Orden según calendario litúrgico tomado del librito titulado «Liturgia de las Horas propia de la Orden de la B. Virgen María de la Merced» editado por la Curia General, Roma 1994. Si queremos detallar algunas celebraciones que tienen devotos permanentes podemos señalar: el día 15 de cada mes se celebra la misa a la Virgen de la Puerta, los días 21 rezos y eucaristías dedicadas a San Hilarión y los días 25 al Niño Doctorcito. Claro está que merece un espacio de tiempo explicar el acontecer popular durante el concurrido día 7 de cada mes por devoción al P. Pedro Urraca.

Lugar de la piedad popular

Novenas, misas y celebraciones varias

En el punto anterior he visualizado cómo hay una serie de celebraciones en torno a esta basílica en mención. Y puesto que la oración es el encuentro con Dios, que ayuda al creyente a mantenerse en comunicación con lo sagrado. Este tipo de oraciones, aunque muchas veces no llegan a congregar muchos fieles, son catequesis continuas, para quienes por diversos motivos e intenciones visitan el templo. Puedo mencionar las novenas dedicadas al fundador San Pedro Nolasco, a la Virgen de la Puerta, de Alta Gracia, al apóstol Santiago; triduos: al Señor de Huanca, a san Ramón Nonato y otros de menor escala; la oración mariana del Santo Rosario  que se realiza todos los días expresa la calidad de vida comprometida de los religiosos y fieles que se unen para alabar al Señor.

Peregrinaciones principales.

No podíamos dejar de lado este aspecto importante en la vida de los Santuarios. La iglesia camino de comunión está siempre en búsqueda de su Señor; así pues, necesita ponerse en camino como María a la montaña en visita a su pariente Isabel, o como el pueblo de Israel en tiempos del Éxodo, siempre en camino hacia la Tierra prometida. Los fieles que acuden a este santuario, testimonian una fe profunda que comporta abandono de sí, búsqueda de esencialidad, secuela, o sea los mismos gestos que han cumplido María y los discípulos de Jesús[32]; una fe arraigada a tradiciones religiosas y mercedarias aferradas al Dios de la Vida, que es misericordia y redención. Allí, experimentan la «esperanza… es como una casa abierta a todos, donde cada uno se siente cómodo y obtiene audiencia»[33].

El peregrino que va a la Merced sabe que va a encontrar una relación íntima con el Señor Resucitado, de escuchar la Palabra de Dios y de compartir la celebración de los sacramentos; entiende que dejar la casa en determinados momentos es salir de la apatía y la rutina para «vivir el encuentro»;  muchas veces buscando lo novedoso; lo trascendente, lo divino, que lo cuestiona, envuelve, pero; que lo ayuda a rezar, cantar, alabar y lograr así el gran encuentro con Dios y los hermanos.

Esta concepción cristiana hace que los peregrinos, el día 7 de cada mes, visiten la cruz y la tumba del P. Pedro Urraca, fraile mercedario, venerado desde el S. XVII por su fama de santidad, por su encuentro con la Trinidad santa, y su testimonio de buen confesor y milagros realizados; así como, su ejemplo de vida austera y mortificación cuando vivía en la Recoleta mercedaria de Belén ubicada en la misma ciudad[34]. Los fieles, llegan con actitud de recogimiento y esperan con ansias la intercesión del venerable padre. Sin exagerar, en este día se forman largas «colas» para entrar al templo, en la Sacristía siempre hay un libro que va recogiendo los testimonios de los devotos, la causa elevada a la Sagrada Congregación desde hace muchos años sólo espera el milagro de primer orden.

Entre otras peregrinaciones, tenemos la del Jueves Santo, (que en Lima es muy colorida, porque denota todo un acontecer eclesial ligado a las tradiciones populares de la ciudad, desde la venta de comidas típicas hasta la forma de decorar la iglesias en los famosos «monumentos» para exhibir a Jesús sacramentado, como es el caso mercedario, que se impone entre las iglesias del centro de lima), después de instituida la Eucaristía, los fieles visitan las 7 iglesias; en tiempos navideños la gente concurre a observar el pesebre o nacimiento, que se expone hasta fines del mes de enero, uno de los mejores y más grandes de la capital; y qué decir de la fiesta de la Virgen de la Merced, cuando es incontable la cantidad de fieles que visitan, acompañan, y peregrinan junto con la Madre de Dios. Todo un aspecto evangelizador, que ayuda a vivir la espiritualidad cristiana y mariana, la misma que hace surgir sentimientos loables para «visitar y redimir a los cautivos en las Nuevas formas de cautividad»[35] que van en busca de Dios.

Sacramentales, costumbres, folcklore:

Antes de concluir la descripción y reflexión en torno al  santuario mariano, deseo anotar elementos socio-religiosos que se plasman en acciones varias que serán necesarias estudiar detenidamente; «la petición diaria de agua bendita», la «solicitud de bendición después de haber concluido cada misa», la «imposición de los evangelios» con la estola que cubre la cabeza del fiel, mientras se arrodilla a pedir la protección de Dios, el discutible rito del «agua de socorro», el «responso por los difuntos» y otras manifestaciones que son propias del sentir de un pueblo ávido de conocer y amar mejor al Señor.

Los negocios ajenos al templo que venden cruces y velas del P. Urraca de color verde, velas blancas con cinta roja en honor a San Ramón Nonato patrón de las madres gestantes, obstetrices y enfermeras, las palmas de Semana santa, imaginería, cuadros y diversidad de productos que intercalan la vida de fe y el consumismo religioso, son aspectos que ayudan en cierto grado a ver el rostro del Señor y profundizar la devoción a María y los santo; pero, que de un modo u otro, pueden ser producto de la proliferación de vendedores que han visto en la fe una forma de mejoras económicas, o de ritos y creencias que pueden ser perjudiciales, sino hay catequesis, orientación y purificación de las mismas[36]. El santuario, por estar ubicado en pleno corazón de la ciudad, estará siempre ligado a lo que pasa en el bullicioso jirón de la Unión, entre fieles y turistas, entre ricos y pobres, entre tristes y alegres, entre los afanes del consumismo y la experiencia de la  fe.

El folcklore religioso, como manifestación de un pueblo que quiere agradecer a Dios por todo lo que le ofrece cada día, se refleja en las procesiones costumbristas con danzarines vestidos de colores y bandas de músicos que nos recuerdan eventos propios de las provincias aledañas a la gran ciudad; la donación de flores para adornar los altares, los artículos religiosos que traen para bendecir, las ayudas económicas y materiales a favor de los necesitados, son resultados de una interacción religioso-cristiana que se combinan diariamente entre las personas devotas, agentes de pastoral, laicos comprometidos y religiosos de la Orden de la Merced que tienen a su cargo la actividad misionera en este santuario.

El acto de la «Consagración a la Virgen»

Durante los últimos años la basílica durante el mes de setiembre es visitada por nuestros alumnos, padres de familia, personal docente, jerárquico y de servicios del Colegio Nuestra Señora de la Merced de Ate y Mirones bajo, con el fin de participar en el Acto de Consagración a la Virgen de la Merced de los alumnos del Quinto Año de secundaria, quienes después de haber estudiado varios años en nuestras entidades educativas se despiden de las aulas dirigiéndose a la Virgen para agradecer a Dios por sus vidas y su caminar en el futuro. Este amor a María, lo han experimentado e incrementado cuando llegaban los meses de mayo y setiembre, cuando recitaban poesías, portaban ofrendas florales o realizaban diversos actos cultuales en honor a la Madre de mercedes. Es así, como llegan estos jóvenes y señoritas frente a la imagen de la Virgen y la basílica se viste de gala y hay fiesta por dicha consagración.

Cómo no alegrarnos por la participación de ellos y el pueblo de Dios, especialmente de la familia mercedaria que traduce en su corazón la gloria de Dios. Para todo ello, es necesaria la preparación, porque esta ceremonia no puede ser improvisada, al contrario se entiende que es un acto denso lleno de empeños que brotan de la vitalidad de las personas quienes tienen a cargo su preparación, desarrollo y celebración. Esto implica un tiempo de madurez y preparación continua, es decir catequesis para amar a la Virgen, en cuya comunidad educativa se desarrolla un rol y una misión, formar en valores cristianos a la juventud.

Muchas personas se han preguntado ¿para qué sirve todo ello?, ¿qué nos quiere comunicar este acto cultual o litúrgico en nuestras vidas?, ¿qué se promueve en el sentido personal y social de los consagrados?. Quizás podemos entender la «consagración» como ofrecimiento o donación de sí mismo a la Virgen en el contexto de nuestra pertenencia a Dios y en el reconocimiento de la misión de la Madre del Redentor en orden de la salvación. La consagración a María es la vivencia de la fe bautismal, con un matiz de filiación maternal. De esta manera, el acto de afianzamiento y amor a María, nos ayuda a entender mejor nuestro camino de fidelidad a Dios en la Iglesia peregrina que busca modelos y signos de amor entre el mundo que vivimos.

Si recorremos el camino de María de los evangelios nos damos cuenta que ella estuvo al servicio de la alianza con Dios, cuya vida transformada por los dones del espíritu santo la impulsaron a decir sí para toda la vida, aceptando una vida de gracia para vivir en gracia de Dios por siempre y para siempre. Esta fidelidad, signo de cómo acogió María la palabra divina nos compromete a todos los cristianos a seguir como ella las huellas de su Hijo Jesús. Por ello la gente en diversos momentos de la historia ha querido y sigue consagrándose a la santísima Virgen. Claro está que el acto litúrgico en el itinerario de los consagrados perfila una relación personal y social.

Recordemos por ejemplo, dos gestos de orientación personal y social: el acto de consagración del mundo al Corazón de Jesús, del Papa León XIII en 1899, o al Corazón Inmaculado de María, de Pío XII en 1942. En ambos casos la consagración ha sido proclamada por el Santo Padre, en cuanto persona, padre y representante de la familia humana, en este sentido ha tenido una relevancia social, catequético-cristiana, puesto que ellos mismos se han consagrado. Entonces este acto no sólo ha sido un acto jurídico, sino una forma de relacionarse con Dios y María en forma orante, para ello se han pensado y escrito las oraciones que en ambos casos tienen como contenido el modo de ofrecerse a Dios y a María[37]. De la misma manera, resuena en nuestro corazón el Tottus tuus (todo tuyo soy María) del Papa Juan Pablo II, que orientó todo su pontificado. Todo ello, nos dice que tenemos entonces una forma de aperturarnos a la trascendencia, en bien de uno mismo y por amor a los hermanos, lo cual manifiesta incluso un grado de intercesión por los necesitados de este mundo.

Con todas estas alusiones, los mercedarios estamos convencidos que la consagración tiene también una dimensión personal, antiguamente se daban las Cartas de hermandad a los terciarios y cofrades que respondían con generosidad su entrega en el camino evangelizador mercedario[38]. Dicho reconocimiento los impulsaba a tener una especial devoción a la Virgen y se comprometían en difundir su culto por medio de oraciones y plegarias dirigidas a ella por amor a los cautivos. Esta respuesta libre y personal es la que necesitamos cada uno de nosotros, que en total uso de nuestra libertad nos hace hijos de Dios. De esta manera, vemos que la consagración personal a María permanece indispensable, porque Dios salva respetando la libertad de sus fieles. Así, el cristiano toma conciencia de los vínculos de solidaridad que lo unen al pueblo de Dios, consagrándose personalmente sabe que lo hace en comunión con la Iglesia donde manifiesta su vocación como pueblo consagrado para el Señor.

Un ejemplo que deseo que interioricemos a través de este artículo es el acto de fe que ha realizado durante el mes de setiembre del año 2005 la Universidad Agraria de La Molina de Lima. Unidos al Rector, diversos estamentos de dicho centro de estudios llegaron al altar de la Virgen de la Merced de Lima para consagrarse a María, declarándola «Patrona de la Agricultura peruana» en razón de ser «Patrona de los Campos de la ciudad». Gesto por el cual, engloba una nueva lectura de los títulos y privilegios que tiene la Madre mercedaria para estos tiempos nuevos.

Cómo no reconocer que a través de la historia, la imagen de la Virgen era sacada en procesión cuando faltaban las lluvias y desolaba la sequía la ciudad colonial. De esa manera, realizado el milagro después de las súplicas y oraciones, la gente agradecía a María por los favores recibidos. Esta práctica o costumbre todavía se conserva aún hoy en diversos pueblos de nuestra patria.

El Acta de Resolución de consagración nº 539-2005-UNALM emitida por la Universidad el 09-09-2005 resolvía lo siguiente:

  1. Consagrar a la Universidad Nacional Agraria de La Molina a la Virgen de la Merced, proclamarla como Patrona de la Agricultura peruana; rogándole interceda para que seamos capaces de vivir y transmitir la verdad y nos acompañe en el camino de cultivar al hombre y al campo.
  2. Conferir a la Santísima Virgen María de la Merced la Medalla Académica UNALM, un signo material de nuestro compromiso de consagración a su amparo y servicio, en la voluntad de producir frutos gratos a la voluntad de Dios.
  3. Solicitar a la Orden Mercedaria nos permitan entronizar a la Virgen de la merced en el Campus de la UNALM. Regístrese y comuníquese: Marissa Valdivia Valente, secretaria General, y Luis Maezono Yamashita, Rector.

A continuación transcribimos la Oración de consagración que fue recitada por toda la Familia Molinera en dicha basílica el día 23 de setiembre del año ya mencionado. La presente oración junto al Acta de Resolución quedaron en manos del Superior Provincial para el Archivo de la Provincia Mercedaria del Perú[39]. Cabe destacar que la oración ha sido pensada y redactada por los miembros de la misma Universidad y a la letra dice:

 

Llenos de confianza

nos dirigimos a ti Santa María de la Merced,

con la certeza de que esta casa,

la Universidad Nacional Agraria La Molina,

es la Casa del Señor; el lugar elegido por María cuando dijo:

¡Quiero cultivar al hombre y al campo!

 

¡Quiero cultivar al hombre y al campo!…

resonó en nosotros el llamado original…

a formarnos y formar… a…

¡lograr que produzca la tierra;

ejerciendo autoridad sobre la naturaleza!

para que el ser humano se nutra.

 

Madre del Pan vivo bajado del cielo

y Madre Nuestra: con humildad

buscamos consagrarnos a tu amparo,

somos parte de un hogar

donde cada uno debe ser importante y necesario,

cúbrelo de toda acechanza;

enséñanos a discernir con claridad

y cumplir abiertos a la gracia,

cuanto Dios quiera de nosotros,

para con dignidad, amor y humildad;

esforzarnos solidariamente unidos.

 

Concédenos la merced de no fallar como hijos,

que honremos a Jesús en cada uno de nuestros actos;

míranos con bondad, que seamos capaces de vivir

y transmitir la Verdad.

 

Que, como Familia Mercedaria, La Molina,

sea luz que sustente la esperanza de quienes sufren,

que renazca en nuestros corazones

la salvadora fortaleza de quien cumple la voluntad de Dios

y se siente libre y en paz.

 

¡VIRGEN DE LA MERCED! ¡Libertadora de los cautivos!

!Patrona del Perú y de los Campos agrícolas de Lima!:

¡No permitas que nos hagamos esclavos de la tierra,

antes bien seamos servidores del hombre!

¡Guíanos para liberarle del hambre y la miseria!

 

Queremos Madre, por tu intercesión,

fructificar los talentos que nos ha concedido el Señor,

para su gloria y tu alegría,

seamos capaces de amar y albergar

el divino tesoro eucarístico de vuestro Hijo,

quien pone orden y serenidad,

para que las cosechas sean abundantes

y la pesca rica…

por la gracia del Espíritu santo

y para la gloria del Padre.

 

¡Gracias Madre!

Amén.

 

Con toda la riqueza orante de nuestro pueblo, estamos invitados a seguir profundizando el sentido y revaloración de otros elementos cristológico-marianos que se van realizando cada día en torno a la casa de Dios. Por ejemplo, es bueno seguir inculcando en los fieles el significado de la Celebración del Cuarto Domingo donde las Hermanas de la Tercera Orden realizan su retiro mensual y celebran la eucaristía a favor de los cautivos. Así mismo, la Fiesta del Escapulario que en su dimensión catequética simboliza la protección de Dios y la Virgen, recordando así la teología de la Tienda del Encuentro con el Señor, lo que nos invita a pensar en las acciones salvíficas de Dios en todo el Antiguo Testamento, y también nuestra configuración con Cristo Redentor en la historia de la fundación de la Orden cuando la misma Virgen de la Merced le impone el escapulario a san Pedro Nolasco para iniciar su obra de redención. De esta manera, revestidos del hombre nuevo en el camino mercedario entenderemos mejor el uso del hábito blanco de los religiosos de la Orden, de las terciarias y cofrades que usan el escapulario u otros símbolos como signo de su consagración a María en la familia redentora.

Cabe destacar que en la iglesia mercedaria el último domingo del mes de setiembre,  en horas de la mañana se celebra la «Eucaristía del Escapulario», cerrando así el ciclo de actividades en honor a la Virgen de la Merced. Con dicha misa, procesión y bendición de los detentes, escapularios, estampas y recordatorios que llevan consigo los fieles se culminan las celebraciones del mes de mercedes.

El Santuario: espacio vocacional por excelencia

 

Y para terminar este breve estudio, no podemos dejar de lado el aspecto vocacional que debe irradiar todo santuario en el camino evangelizador. Es verdad, cada templo y santuario debe comunicar la belleza de Dios en el corazón de sus fieles, por eso es importante contagiar su enseñanza, su camino hacia Cristo, su fuerza de anunciar el evangelio de la vida y la esperanza, pero sobretodo, debe ser un lugar de invitación para acercarse a Dios, a María y a los santos.

En esta línea de búsqueda y encuentro, el santuario debe perfilar según sus ritos y acciones un profundo conocimiento de Dios, por lo mismo que es en su esencia, evocación y memoria de la acción santificadora y santificante de Dios en medio de su pueblo. Por eso son importantes los elementos de la liturgia, la homilía bien preparada y explicada, la catequesis que contribuye al crecimiento del interés por la Palabra de Dios, la centralidad de la Trinidad en el proceso evangelizador, la figura de la Madre de Dios presente en el corazón de sus fieles. Así pues, entenderemos mejor que los santuarios son lugares privilegiados de evangelización, que nunca falte el diálogo, ni la capacidad de ser signos de hospitalidad cristiana, que no cesen las celebraciones de los sacramentos bien realizados, y que se manifiesten signos de la misericordia de Dios con capacidad de servicio eclesial.

Vistos estos pormenores, el santuario debe ser atrayente para que muchos jóvenes puedan discernir bien su camino y orientación vocacional cristiano-católica. De tal manera, que se sientan llamados por el Señor. Desde esta perspectiva, queda claro que un santuario si no tiene capacidad de convocar y animar las vocaciones es un edificio frío donde se necesita florecer a la vida, entonces necesitará una remodelación no sólo material y física, sino espiritual, lo cual lo hará más funcional en el orden de su convocatoria hacia los elegidos por le Señor. En cada eucaristía se debe promover las vocaciones sacerdotales y religiosas, debe ser un espacio de oración profunda y continua que anime a la gente a pedir por las vocaciones; saber acogerlas, mantenerlas, prepararlas y enviarlas será nuestra misión.

Que estas líneas de estudio, nos ayuden a interesarnos un poco más por descubrir mayores tesoros escondidos en torno a la basílica y convento mercedario, leyendo, rescatando, guardando y custodiando bien cada uno de los elementos que hemos podido mencionar anteriormente referidos al arte, historia y tradición y sus efectos en la religiosidad popular.

A modo de conclusión temática

Por su naturaleza el culto cristiano siendo adoración y alabanza al Padre, al Hijo y al Espíritu santo, en sus diversas dimensiones han hecho posible que en todos los rincones del mundo cristiano católico haya un lugar privilegiado para venerar a la Madre del Verbo Encarnado. Tal es así que los Santuarios, Basílicas y Templos marianos reflejan la expresión de una vivencia de fe inculturada.

El santuario de la Merced de Lima, como hemos podido analizar a lo largo de todo este documento está fortalecido por diversos elementos evangelizadores que hacen posible su profundización mariana. La diversidad de advocaciones y la concentración de fieles en determinadas Fiestas y Solemnidades seguirán siendo signos de un incremento en la fe de Cristo bajo los signos de redención.

Tanto la liturgia, el culto y las actividades sacramentales, permiten visualizar en la advocación de la Virgen de la Merced, aquella mujer del pueblo de Israel que en la plenitud del tiempo llegó a ser la Madre de Dios. Ella, por esta cooperación y presencia permanente entre nosotros, tiene todos los méritos de ser alabada y celebrada como tal, como la predica y anuncia la Iglesia, al ser considerada la estrella de la evangelización latinoamericana. Con esta idea, quiero hacer remembranza de lo que anotaba el P. Provincial Pedro Nolasco Rodríguez en su carta circular del 9 de junio de 1980 cuando los Obispos de nuestra patria al llegar a Lima terminada la histórica Conferencia Episcopal Latinoamericana de 1979, acompañados de su Eminencia, el Cardenal Juan Landázuri Rickets celebraron una misa de acción de gracias en esta basílica, recordemos que allí el mismo Cardenal colocó a los pies de la Virgen de la Merced «las Conclusiones del Documento de Puebla».

La peregrinación al santuario continuamente se vivencia como éxodo del creyente,  que en la interrelación religiosa hace que este lugar sea un punto de llegada y de partida, para el encuentro con Dios. Este ir y venir, ayudará siempre al peregrino, o al huésped, a transformarse en discípulo cuyo horizonte será la libertad cristiana, para vivir experimentando y amando como hijo de Dios, haciendo que su conducta sea fiel reflejo de los testigos de la resurrección.

 

La catequesis mariana, y todo el esplendor del conjunto monumental arquitectónico serán las piezas fundantes para continuar la labor de una iglesia peregrina que en Lima y Latinoamérica están siempre atentas a las necesidades del Pueblo de Dios. Agradezco a todos los lectores de nuestra Revista «La Merced» por seguir apoyándonos en el fortalecimiento de ideas y pensamientos que convergen en la narrativa de todos estos aportes que nos permiten exclamar: ¡María, Madre de los cautivos y Madre de los redentores, ruega por nosotros! Amén.

 

Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, O. de M.

Maestro General de la Orden de la Merced

Licenciado en Teología con especialización en Mariología

Pontificia Facoltà Teologica Marianum – Roma

Bachiller en Turismo y Hotelería

Universidad San Martín de Porres – Lima

 

Bibliografía para la consulta e investigación

 

 

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[1] Un importante estudio y relación de los temas que visualizan la relación mágico-religiosa se puede leer el libro de María Rostworowsky, Pachacamac y el Señor de los Milagros: una trayectoria milenaria, Lima 1992.

[2] Luis G. Marquez Eyzaguirre, Huanka Rumi. Historia de las Apariciones del Señor de Huanca y de su célebre Santuario, 1, Cuzco 1936; 2, Arequipa 1937; Severo Aparicio Quispe, «Devoción popular en el Santuario de Huanca», en La Orden de la Merced en el Perú, Estudios históricos, 2, 669-674 (dicho autor considera que el Santuario de Huanca es un centro de especial atracción en el sur peruano,… lugar de oración y centro de vida espiritual, recinto fraternal… para la oración y recogimiento). También se ha difundido mucho en los últimos tiempos el folleto editado por la Corporación Gráfica Navarrete titulado: Huanca. Breves apuntes sobre las apariciones del Señor y de su célebre Santuario Novena en honor del Señor, Lima 2005.

[3] Dice el Documento de Santo Domingo al respecto: «…se deberá poner una especial atención a la valorización de la piedad popular, que encuentra su expresión especialmente en la devoción a la Santísima Virgen, las peregrinaciones a los santuarios y en las fiestas religiosas iluminadas por la Palabra de Dios» (cf. IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Conclusiones, 12-28 octubre 1992,  nº 53).

[4] Cf. Manuel Marzal,  Estudios  sobre  religión  campesina, Lima 1987, 85-94.

[5] Algunos apuntes sobre la presencia de la Orden de la Merced tenemos: Mons. Severo Aparicio Quispe, «Los Mercedarios en la evangelización de América», en Actas del Simposio Internacional, Pontificia Commissio pro América latina, Historia de la evangelización de América, trayectoria, identidad y esperanza de un Continente, Ciudad del Vaticano 11-14 de mayo de 1992, 230-256; José Brunet, «La Virgen de la Merced y sus diversos patronazgos en América», 387- 388, en Presencia de la Merced en América. Actas del I Congreso Internacional, 1, Luis Vázquez Fernández (ed.), Madrid 30 de abril – 2 de mayo de 1991; Xabier Pikaza, Religión pagana y conversión cristiana en el Antiguo Perú, 584, Acerca de la devoción mariana en la Colonia, cf. H. Jürgen Prien, La Historia del cristianismo en América latina, Salamanca 1985, 299.

[6] Guía turística a color por: Saúl Peredo Meza, La Merced, Basílica y Convento, Lima 1973.

[7] Ismael E. Portal, Lima Religiosa, S.XVI – XIX, 12.

[8] P. Salmerón, Recuerdos históricos y políticos, Lima 1646, que a la letra dice: Fray Antonio Bravo, celebró en aquel reino la primera misa y fue en un altar portátil, colocado en el callejón de los clérigos, 284.

[9] Cf. María Antonio Durán Montero, Fundación de ciudades en el Perú durante el S. XVI, Sevilla 1978, 90. Afirma la autora que desde 1528 se permitió a algunos propietarios tener cuatro solares, como por ejemplo el Marquéz don Francisco Pizarro tuvo los primeros, del 1º al 4º; y los solares 41 al 44 fueron para el Convento de la Merced de dicha ciudad.

[10] Cf. Víctor Barriga, El templo de la Merced de Lima, Arequipa 1944, 18-20.

[11] Cf. Severo Aparicio Quispe, Devoción a la Virgen de las Mercedes en el Perú, Breve historia de su culto, Lima 1997, 34. Juan Carlos Saavedra Lucho, El Perú y la Virgen de la Merced. Presencia dinámica y notas históricas. Testimonios marianos 2, Lima setiembre 2003, 41.

[12] Este ilustre italiano nació el 19 de setiembre de 1826 en la ciudad de Milán, y arribó a nuestro país el 28 de julio de 1850. El Dr. Cayetano Heredia le encargaría la organización del Museo de Historia Natural del Colegio de la Independencia, institución dedicada a la formación de profesionales médicos. Se convirtió en uno de los maestros fundadores de dicha escuela, pues desde 1851 fue profesor de Historia natural. Ya en 1856 el Colegio de la Independencia se convertiría en Facultad de Medicina. Luego, en 1861, Raimondi fundó la cátedra de química analítica, desarrollándola hasta 1862. Raimondi realizó numerosos viajes de investigación por todo el Perú, y en sus 40 años de estadía en el país, estudió nuestra geología, geografía, mineralogía, botánica, zoología y etnología. Su obra cumbre, «El Perú», está constituida por varios tomos que se editaron entre 1875 y 1913, en donde nos describe las riquezas naturales que encontró durante sus viajes. Antonio Raimondi falleció el 26 de octubre de 1890 en la ciudad de San Pedro de Lloc, en el departamento de La Libertad.

 

[13] Cf. J. M. Tejada Manrique, Siervos de Dios de la Merced en el Perú, Lima 2006, 89-142.

[14] El día 29 de setiembre siendo las 12 del mediodía, en presencia del Rector y la acogida de los Decanos de las diversas Facultades, unidos a los cantos y oraciones de los alumnos, se procedió a la ceremonia de entrega y entronización de la Virgen de la Merced que fue llevada en procesión hasta la capilla de este centro de estudios; allí se quedó para siempre la Virgen en su nueva casa. Antes de iniciar la eucaristía de acción de gracias celebrada por el P. Provincial, quien escribe este artículo, el Señor Rector le impuso a la imagen la medalla de la Universidad. Acompañaron en dicha celebración el Sr. José Aquije Morón, Presidente de la Cofradía de Caballeros de la Merced de Lima, así como devotas del Niño Doctorcito que participaron en la confección del manto de la Virgen, obra realizada junto al P. Ángel Quiroa Luna, Superior Comendador de la basílica limeña, quien promueve la confección de mantos, casullas y otros objetos de índole litúrgica en el denominado «Taller Mercedario de Lima». De esta manera la Orden de la Merced cumplía su promesa de obsequiar dicha imagen de la Madre de Dios a la Universidad, del cual todos estuvieron muy agradecidos.

[15] José Brunet, La Virgen de la Merced y sus diversos patronazgos en América, 387-388. El P. Brunet, mercedario argentino anota: «En su actual Iglesia “la más monumental de la ciudad de los Virreyes”… se venera la imagen que ha sido objeto de veneración popular y que ha tenido diversos honores y trofeos en el correr de los tiempos». Dicha imagen es «de una estatura colosal, y muy proporcionada en todas sus formas y el tipo romano que representan sus facciones le dan una majestad que infunda recogimiento a todo el que la observa con cuidado…».

[16] Estos pintores pertenecen a la pintura colonial del S. XVIII que se caracterizó por una mayor libertad expresiva, más independencia en la temática y sus planteamientos estéticos. En Lima, se impuso el género del retrato, escenas bíblicas y místicas plasmadas en obras religiosas. En el Cuzco emerge en afán de liberación cultural y artística el estilo mestizo, bajo el influjo de Diego Quispe Tito que se impuso en Perú y América. José Bermejo, trujillano de origen, pintó retratos de virreyes como el de Don José Manso de Velasco, Conde de Superunda (ubicado en la galería de virreyes del Museo Histórico de Lima). Las leyendas de cada uno de los cuadros de esta serie del Fundador de La Merced se pueden leer en nuestro artículo titulado: «Huellas del Tiempo. San Pedro Nolasco en el arte. Transcripción de las leyendas ubicadas en la serie de cuadros del Convento Mercedario de san Miguel de Lima», en LA MERCED, Revista Teológico-Cultural de los Mercedarios del Perú, nº 4 (enero-junio 2005) 5-20.

[17] He querido resaltar diez aspectos que enfatizan sus relieves religiosos, puesto que aquellas obras en particular son signos de la expresión artística de las influencias europeas que llegaron a integrarse en el corazón de América; lo cual, implica tener en cuenta las diversas etapas de las Artes plásticas que  florecieron  en torno al arte Pre-humanístico (S. XIV-XV), el Renacimiento italiano (XVI), el Barroco en España (S. XVII), el Rococó francés (S. XVIII), así como el Neoclasicismo del S. XIX.

[18] IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, Conclusiones, 12-28 octubre 1992,  nº 53.

[19] Rubén Vargas Ugarte, Historia de la Iglesia en el Perú, 3, Burgos 1960, 243.

[20] Brendan Leahy, Il principio mariano nella Chiesa, Roma 1999, 160.

[21] «El fluir del amor fecundo y apostólico caracteriza el principio mariano, y esto lleva a Von Balthasar a escribir que nosotros reparamos bajo el manto de María y bajo el pequeño manto de los santos. Este manto forma el verdadero tejido de la maternidad de la Iglesia, porque estamos envueltos y circundados por el amor de un amor de madre. La imagen del manto… explica la Iglesia no como un mundo cerrado en sí mismo. En cuanto instrumento y sacramento de la salvación de Cristo en el mundo, la Iglesia es llamada a comunicar a Cristo en modo mariano a toda la humanidad». Cf. Brendan Leahy, Il principio mariano nella Chiesa, Roma 1999.

 

 

[22] En cuanto a los Santuarios podemos tener en cuenta las siguientes expresiones: «…son hechos para Dios, pero también para el pueblo, que tiene el derecho de que se le respete su sensibilidad propia, aún cuando su buen gusto deba ser pacientemente educado. El orden perfecto y una auténtica belleza de la más célebre Basílica o de una capilla muy modesta, son ya una catequesis que contribuya a abrir el espíritu y el corazón de los peregrinos, o por desgracia a resfriarlo». Cf. Juan Pablo II, Alocución a los Rectores de Santuarios franceses, 22 de enero 1981); «…son pues medios excelentes de evangelización. Pero pueden serlo también de evasión religiosa de parte del fiel, y del comercialismo de parte de quienes los rigen. Toca a los pastores examinar constantemente los criterios con que se guía la pastoral de cada uno de ellos». Carlos Ignacio González, María, Evangelizada y Evangelizadora. Mariología, Bogotá 1989, 400. «…son el lugar privilegiado del encuentro con María, sobretodo a través de los sacramentos de la Reconciliación y la Eucaristía, que son el signo de la bondad del Padre rico de misericordia y de la perpetua presencia de Hijo en medio a nosotros: Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo (Mt. 28,20). Antes que una palabra o un acto, la oración en el peregrinaje y en el santuario es una experiencia: de comunión con Dios, después religiosamente estimulante; de encuentro con la Virgen, excepcional figura de orante; de comunión con los otros, porque todos participan de la única familia de Dios. Los santuarios marianos, signo de la presencia de Dios y de la Virgen María, se transforman en “lugares de reposo” y en “centros espirituales” de recuperación y de rehabilitación en la vida espiritual, tramita el ejercicio de la liturgia, de la práctica de los sacramentos y de la oración asidua. De este punto de vista desarrollan una amplia e importante misión: alimentan la fe del Pueblo de Dios que participa de la misma fe de la Virgen María, venerada con especial devoción en cada santuario. Son portadores de un alto mensaje de vida espiritual y son como el recinto donde se experimenta la presencia renovadora de la Virgen para después irradiarse al exterior. El mensaje consiste en el vivir el encuentro espiritual con la madre del Señor, la cual ha creído y, con su ejemplo, alimenta el amor de sus hijos… El peregrinaje al santuario es el éxodo del creyente,… El caminar a través de este lugar, donde el encuentro con lo sobrenatural parece fácil, comporta abandono, fatiga, búsqueda de esencialidad, secuela, o sea los mismos gestos que han cumplido María y los discípulos de Jesús. El peregrinaje se transforma en símbolo del discipulado y de la liberación radical, emblema del entero vivir cristiano y conducta del pueblo peregrinante cuya patria está en otra parte». Cf. Aurelio Fusi, Ha creduto meglio degli altri. Maria modello della Chiesa nell’insegnamento di Giovanni Paolo II, Paoline, Milano 1999, 315-319. Características del santuario: «Es antes que todo el lugar de la presencia de Dios. Su rol fundamental es aquello de revelar el rostro del Señor, en manera privilegiada a través de la palabra, los sacramentos, la caridad, la experiencia mariana; …al menos, idealmente, es un lugar idóneo para una catequesis permanente… considerado lugar para el anuncio y la celebración del misterio de las vocaciones de la Iglesia, se transforma en lugar de todas las propuestas vocacionales: femenina, familiar y consagrada.…es por sí mismo un hogar que irradia la luz y el calor de la caridad… deben contribuir al avance del camino ecuménico con el actuar de una correcta catequesis sobre la misión de María a la luz de la Escritura, del capítulo VIII de la Lumen Gentium, de la tradición litúrgica y patrística y del actual magisterio. El santuario es una esperanza… es como una casa abierta a todos, donde cada uno se siente cómodo y obtiene audiencia». Cf. Marcelina Pedicó, La Vergine Maria nella pietá popolare, Roma 1993, 127-136. Santuarios y fieles: «los fieles acuden en masa a los santuarios marianos. Son gentes que confiesan, que comulgan, que rezan, que piden, que esperan, que, en fin ponen en práctica su fe y su religiosidad…». Cf. M. M. Arribas, «Santuarios marianos. Religiosidad popular y pastoral», en AAVV.,  María en los caminos de la Iglesia, Madrid 1982, 299.

[23] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nº 4ss.

[24] Cabe señalar que todos los días 7 de cada mes se realiza un camino de peregrinación con los fieles devotos pidiendo por la pronta beatificación del V. P. Fr. Pedro Urraca, por lo cual se debe orientar, visualizar y buscar los medios de evangelización para este día. Las misas centrales son concelebradas. a las 10 de la mañana y 7 de la noche. El próximo año durante el 7 de agosto celebraremos los 350 años de la muerte y la entrada al cielo del P. Urraca de la Santísima Trinidad.

[25] Dicho documento lleva por título: Misas propias de la Orden de la B. V. María de la Merced, Roma 1977. Contiene el calendario litúrgico de la Orden aprobada por la S. Congregación del Culto Divino, en ella se testimonia el afán de renovación y el deseo de usarlas en todas las iglesias y oratorios de la Orden, de la Monjas e Institutos Mercedarios. La estructura de la misa del 24 de setiembre (pp. 40-43) desde su antífona de entrada hasta la fórmula de la bendición solemne, profundizan los temas de Dios Padre misericordioso, el Hijo Redentor, la caridad del Espíritu santo, y el patrocinio de María, inspiradora de esta obra. ¡Una buena síntesis litúrgica con grandes alusiones mariológicas! En esa línea de pensamiento complementan dos formularios de las Misas votivas a la Virgen (pp. 52-54). El leccionario incluido en dicho Misal se armoniza con lecturas de carácter liberador del libro de Judit 15, 8-10.14; 16,13-14; Gálatas 4, 4-7, una secuencia, y el evangelio de Juan 19, 25-27, en la escena de la Cruz (pp. 141-144), y para los demás sábados se orienta el uso de los rituales y leccionarios de las Misas de la Virgen.

[26] Todos los sábados, excepto el sábado santo, en todos los conventos de la Orden se canta la Salve, a la hora más adecuada, con la participación de los religiosos de la comunidad y el fomentarla entre los fieles, preferible en la Iglesia, y de forma solemne. Se explica la forma ritual y los actos a realizarse, con las debidas oraciones que en actitud suplicante se le pide a Dios la concesión de vivir bajo la protección de la Virgen, se resalta la Maternidad, su adhesión a los fieles, y su Asunción al cielo; implorando la apreciada libertad de los males de este mundo y alcanzar las alegrías del cielo (cf. la oración alusiva al acto en el Ritual de la Orden, Roma 1990, III parte: Celebraciones especiales de la Orden, cap. I,  nnº 13-21, 135-137).  Muestras de algunas publicaciones referentes al tema a través de los siglos podemos enunciar las siguientes: Pedro de Jesús María, Devocionario de la Santísima Virgen de la Merced, Impreso en Sevilla 1615. Novena para implorar la protección de María Santísima de la Merced, Indulgencias y Gracias de los devotos que visten su blanco y santo escapulario, se sientan en sus Congregaciones ó Cofradías, y visitan sus iglesias, con licencia, Madrid 1815. Ejercicio devoto para el sábado en honor a la Virgen de las Mercedes,  por un devoto de dicha Señora, La Habana 1845. José María Romo Carrasco, Siete Sábados en honor de Nuestra Señora de la Merced, Santiago de Chile 1906. Jerónimo Arís Roldán, Visitas a Nuestra Santísima Madre, Córdoba 1911. Devocionario de la Santísima Virgen de la Merced, Luis Gili (ed.), Barcelona 1931; Novena prayers in honor of our Lady of Mercy, Ohio 19463. Vicente Ignelzi, Redemptrix Captivorum. Manuale di preghiere per i Terziari, Confratelli e Devoti di Maria Ssma della Mercede, Roma 1953. V. Ignelzi, Redemptrix Captivorum. Manuale di preghiere per i Terziari, Confratelli e Devoti di Maria Ssma della Mercede. José Martinez Vaz, Prácticas de piedad en honor de Ntra. Madre de la Merced, Herencia 1955. La Salve de “Poyo”, Pontevedra 1959. Juan Laka, Salutación y Plegaria (A la Virgen de la Merced y a San Pedro Nolasco), Madrid 1984. Provincia Mercedaria del Perú, Salutación sabatina a N. Sma. Madre de las Merced, Lima 1999. Provincia Mercedaria del Perú, Salutación Sabatina a la Virgen de la Merced, Lima 2005. Provincia Mercedaria del Perú, Devocionario a la Virgen de la Merced, Lima 2005.

[27] Guillermo Hurtado Alvarez, Rosario Mercedario, Quito 1994.

[28] Al respecto se puede leer al P. Giovannino Tolu, La Messa “Specialissima” della Beata Vergine Maria della Mercede approvato il 2 giugno 1685, en Analecta Mercedaria  6 (1987) 105-168; Pedro H. Álvarez Lorenzana, Fiesta litúrgica de la Virgen de la Merced, Tesina de Licenzia presentada en la Facultat de Teología de Catalunya, Institut Superior de Liturgia, Barcelona 1997.

[29] Cf. Juan Carlos Saavedra, «La procesión del 24 de setiembre», en Boletín de la Provincia Mercedaria del Perú, Lima 1999, 258-262.

[30] La obra del jesuita, P. Alonso Messía, «Devoción a las Tres Horas de Agonía de Cristo Nuestro Señor», fue difundida por Europa, en 1660 fue introducida la práctica de esta devoción por la cofradía Escuela de Cristo, y desde allí en muchas iglesias de América continuaron su realización. Cf. Rubén Vargas Ugarte,  Historia de la Iglesia en el Perú, 3, Lima 1960, 240ss.

[31] Algunos apuntes al respecto se pueden leer en: Juan Carlos Saavedra Lucho, «La “Dolorosa de la Merced” y su Cofradía. Apuntes históricos sobre su devoción y culto en la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Merced de Lima», en Boletín de la Provincia Mercedaria del Perú, Lima 2000 223-231.

[32] Aurelio Fusi, Ha creduto meglio degli altri. Maria modello della Chiesa nell’insegnamento di Giovanni Paolo II, Milano 1999, 318.

[33] Marcelina Pedico, La Vergine Maria nella pietá popolare, Roma 1993, 135.

[34] Sobre la vida y milagros se puede consultar el libro del P. Luigi Aquatias, Vida del Ven. Siervo de Dios P. Fr. Pedro Urraca de la SS. Trinidad, Roma 1976.

[35] Cf. Regla y Constituciones de la Orden de la B. V. María de la Merced,  Roma 1986,  nº 16.

[36] Comentarios diversos se puede ver en Carlos Ignacio González, María, Evangelizada y Evangelizadora. Mariología, Bogotá 1989, 400; que dice: «…son pues medios excelentes de evangelización. Pero pueden serlo también de evasión religiosa de parte del fiel, y del comercialismo de parte de quienes los rigen. Toca a los pastores examinar constantemente los criterios con que se guía la pastoral de cada uno de ellos». El autor Hans Jürgen, en su obra ya mencionada, discurre entre la admirable riqueza del culto popular al  Señor, la Virgen y los santos, en cuanto que genera una problemática social que como decían los materialistas llegaba a ser opio del pueblo; por ello, a veces no es la devoción ni  el rezo a la Virgen, sino a la Virgen del «Rosario» por ejemplo; no a San Martín, sino al santo de la «escoba», quiere decir que la religión al materializarse, puede desviarse y ofertar sincretismos que generan «adoratio» y «veneratio» de una religiosidad popular, socio-política con fines  económicos, por el cual, protestaron los reformadores. Esta religiosidad milagrera, de souvenirs y de objetos, corresponde a una visión egocéntrica que desfavorece la búsqueda de la santidad.

[37] Para profundizar el término y la reflexión teológica se puede consultar el vocablo «Consagración», en Nuovo Dizionario di Mariología, a cura di Stefano de Fiores e Salvatore Meo, Torino 1986, 355-376. Emilio Gracia, Montañeros de Santa María. Escuela de vida, Burgos 1986, 162-175.

[38] Algunas huellas bibliográficas que testimonian el hecho y significado de la formulación y realización del Acto de consagración en el camino mercedario tenemos los siguientes: Amerio Sancho Blanco, Consagración de los Hogares y Familias a Nuestra Señora de la Merced, por Fr. A. S. B., Ferrol 1918. Luis del Sagrado Corazón Aquatías, Consacrazione e supplica alla Madonna SS.Mª della Mercede, Roma 1943. Agnelio Hurtado, Acto de Consagración a María Santísima de la Merced y “Señora Mercedaria” (poesía), Cuenca 1958. Manuel Tapia Arévalo, Visita Domiciliaria de la Santísima Virgen de la Merced, Santiago de Chile 1918. Ricardo Delgado Capeans, Entronización de Nuestra Señora de la Merced en los Hogares, por el R. P. Ricardo Delgado Capéans, Luis Gili (ed.), Barcelona 1926.

[39] Cf. Sección «Anexos» del Boletín de la Provincia Mercedaria del Perú, nº 34 (julio-diciembre 2005) 99-101.

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