«Nuestra Madre» María de la Merced.

Intro
«Nuestra Madre» María de la Merced.

«Durante siglos nuestra Madre de la Merced ha sido prototipo y garantía de liberación en favor de los cautivos. Un mundo anhelante y oprimido tiene necesidad de que la Madre de Dios continúe mostrándose como signo de amor, libertad y esperanza. Esforcémonos por vivir la devoción a María y por presentarla al mundo con palabras y gestos nuevos, teniendo presente que para los hombres que anhelan redención, Jesús se halla de nuevo, como en otro tiempo en brazos de María»*.

 

Premisas generales

 

Abordar el tema sobre María es ahondar el rol preponderante de la mujer como obra calificada de la gratuidad misericordiosa de Dios. No cabe duda, que en los últimos años de reflexión teológica los enfoques narrativos nos han permitido ver a la Madre de Dios y de la Iglesia en el acontecer de los pueblos según los signos de los tiempos. Es por ello que, desterrando tantos signos de marginación, machismo, desproporción, cinismo, oportunismo y manipulación de la mujer, debemos que reconocer que hoy más que nunca la Virgen María nos habla de Dios en su calidad de mujer.

Ciertamente, la bendita entre las mujeres es un referente del maravilloso devenir de la historia de la salvación; sobretodo, cuando pensamos en la característica evangélica de la alternativa; es decir, el milagro de la encarnación como la clara síntesis de la fuerza del Espíritu divino plasmado en la misión materna de María de Nazaret. Trayendo a la memoria la Oración total del poeta trujillano Alejandro Romualdo podemos  comenzar a delinear el esbozo del presente artículo diciendo juntos: «En el nombre del Padre, del Hijo y de la Madre; en el nombre del hombre, del pan y del espíritu, …»[1], integrando así nuestra confianza en la fe en Dios y en María de la Merced.

Sintetizando los pormenores de la histórica Orden de la Merced fundada por san Pedro Nolasco el 10 de agosto de 1218 en Barcelona – España, tenemos que reconocer que la Orden redentora fundamentada en los aspectos bíblicos, teológicos y magisteriales se ha renovado eclesialmente a la luz del Concilio Ecuménico Vaticano II. Motivo por el cual, presenta su obra, carisma y espiritualidad liberadora como una fuerza centrípeta e centrífuga en la dinámica de reflexión y evangelización del Pueblo de Dios en torno a Cristo Redentor[2].

Inculturando constantemente el evangelio del Dios de la Vida con principios de libertad y asumiendo los retos y desafíos de los tiempos nuevos, la Orden de la Merced está llamada a despertar el interés de lo que ha significado hasta hoy la Doctrina Social de la Iglesia por la causa de los débiles y despreciados de esta sociedad. De tal manera, que en su caminar evangelizador se ha consolidado en la misión de difundir la Buena Nueva frente a un mundo de los pobres entre muchos pobres, de marginados y desterrados[3], quienes siendo coactados de su fe y razón de ser personas siguen siendo los personajes desplazados por un mundo globalizado y ambivalente. Es por ello, que todos los religiosos mercedarios siguiendo las huellas del Señor resucitado, con certeza y humildad nos consagramos hasta hoy con un voto particular que imprime el carácter de dar la vida si fuere necesario por medio del Cuarto Voto de redención (cf. COM 13-16) en favor de aquellos que viviendo entre peligros y ansiedades se encuentran en una situación precaria y degradante que afecta la dignidad de la persona humana[4].

Actualizando el ideal del fundador, y fortalecidos con la cooperación de María (LG 63), la Madre del Señor, los mercedarios como hijos de Dios creados a imagen y semejanza divina (Gn 1, 26-27) reconocemos que tenemos una madre del cielo que en lenguaje carismático se llama santa María de la liberación[5]. Constantemente animados por el Espíritu del Señor donde se halla la libertad (cf. 2Co 3, 17) reconocemos que la teología contemporánea, inagotable en su reflexión, comprende a la Nueva Eva en el hecho y el significado como «la humilde parte de la historia verdaderamente humana»[6]. Ella, prototipo del pueblo de Israel e Hija de Sión[7], en quien Dios ha escogido el modo de revelarse a sí mismo, viene contemplada como microhistoria de la salvación[8],en el dinamismo de una Iglesia que buscando el verdadero rostro del Señor (cf. Jn 12, 21) ha visto en María la luz significativa desde la Encarnación hasta la escatología[9].

Si actualizamos lo que escribía en 1964 el mariólogo de la Orden de los Siervos de María, fray Gabriele Roschini, sobre la advocación y título atribuído a la Virgen de la Merced podemos decir que sobretodo hoy … [tiene] más urgencia que nunca, porque en una época de sufrimiento y privación de la libertad [nos hace] pensar en la Iglesia del silencio, dentro y fuera de los países civilizados donde [surgen] situaciones de cárcel, prisión, y coacción física[10]; lo cual permitirá la consolidación de un serio análisis teológico-pastoral en torno a la Maternidad, Virginidad y Santidad de la primera persona que le vió el rostro a la Esperanza[11].

Es oportuno recordar también al teólogo Xabier Pikaza, quien hablando de la advocación mariano-mercedario-redentora afirmaba que antes se había vivido la presencia de María en dos formas: una devocional y otra tradicional. Sin embargo, a la luz de los temas conciliares, la influencia de nuevas tendencias Teológicas y las conclusiones del documento de Puebla se había redescubierto el tesoro mariano-espiritual de la Orden, considerando dos aspectos dentro del panorama evangelizador: el carácter operativo y su impulso misionero; con los cuales se entendía mejor a la Madre de Dios y su participación entre los hombres[12].

Revalorando los postulados del renovado Concilio sobre el retorno a las fuentes, a nivel mariano es un deber para todo mercedario realizar una lectura de revisión y profundización empeñativa de lo que es y significa la Bienaventurada Virgen María en la Orden de la Merced. Para ello, parto del principio que la reflexión mercedaria es una teología de la misericordia, de la alegre esperanza y de la gozosa reconciliación con una dimensión liberadora en la fe; de tal manera, que al inculturar el evangelio en línea de mariología social trata de ser constitutiva a la teología cristiana. En el caso de las constituciones mercedarias promulgadas por el P. Maestro General Fr. Domenico Acquaro en 1986 encontramos un espacio propicio hacia la proyección y propuesta en vias de fundamentar una Mariología mercedaria en contexto; la misma que está ligada a la base histórico-teológica comprometida en la redención de cautivos y en las Nuevas Formas de cautividad actual (cf. COM 2, 4, 7, 23).

Si consideramos que la teología social está llamada a encontrar su realización en el cuerpo de Cristo que es la Iglesia (cf. 1Co 12, 12-14) y que el hombre por naturaleza es un ser social (cf. Gn 2, 18-23), el mercedario en su relación con los hermanos no sólo ve la llaga que se extiende en la carne de los pobres y cautivos, sino que en su gran deseo de participar de la fuente salvífica donde emana sangre y agua del costado de Cristo (cf. Jn 19, 34), mira a la Virgen María en su aguda percepción del misterio desde la Anunciación hasta pasar por  la cruz redentora en línea de comunión eclesial.

Sabemos que el amor para con la Madre no debe ser sólo visceral, de puro sentimiento y emoción externa que puede quedarse en la superficie sin entrar en la mente y el corazón, sino que al ser entendida como shekinah (tienda) y rehem (útero, seno maternal) se convierta en el lugar del cuidado, de la defensa, del crecimiento y de la vida misma asimilada por la inteligencia y voluntad para captar mejor la profundidad de Dios. El campo de la mariología social, al encontrarse en un estado de crecimiento reflexivo, es un tratado teológico en curso, representado como una cantera abierta de investigación[13]. De tal modo, que se puede contemplar la figura relevante de María de Nazaret desde la base de un pueblo que siendo partícipe de los usos y costumbres ancestrales viene proyectando una religiosidad popular y piedad mariana digna de analizar en todos los tiempos.

En realidad no podemos dejar de lado el contexto doctrinal, porque la lex credendi debe vincularse continuamente con la lex orandi y sea el impulso de una lex agendi donde la espiritualidad y la ética social puedan desarrollarse en línea de gratuidad salvífica. No cabe duda que el influjo del pensamiento religioso en la sociedad continúa siendo un patrón de transformación y cambio entre las culturas y civilizaciones de hoy. Por ello, es clave discernir que, del modo como es y será presentado Cristo y María en la vida social, dependerá el crecimiento de nuestra fe cristiana.

Apuntes para una Mariología social mercedaria.

 

 Si nos situamos en el profundo ligamen que ha tenido la España mariana en su encuentro con los pueblos evangelizados de América, debemos decir que ha sido  particularmente significativa; de tal modo que la Virgen de la Merced llevada por tantos misioneros a tierras de inculturación del evangelio, hasta hoy sigue resonando en el corazón de los hombres como la Madre del Redentor y de los pueblos cristianizados tanto en Europa como en el contexto peruano-latinoamericano.

 

Por su mediación y presencia continua en las causas de la salvación ella ha sido proclamada como la gran protagonista de la historia[14]. Vista como mujer y madre liberadora, auxilio de los cristianos cautivos, protectora de las ciudades, madre de los patriotas e indígenas oprimidos, «Patrona y Directora de la causa de la Independencia»[15]; la Virgen María de la Merced es la figura culminante de cada liberación en el seno de la Iglesia que peregrina por amor a la libertad y la esperanza cristiana[16].

 

Es innegable su papel relevante en la sociedad, sobretodo cuando ha sabido mostrar la conjugación del clamor de la redención, la vuelta a la tierra y la conquista de la libertad, que naturalmente son signos del amor de Dios. Todo ello, ha provocado un intenso culto y admiración por la Madre del Redentor, se han edificado conventos, iglesias, capillas, basílicas, donde se refleja la vía mariana de la Merced[17]; aún más, se han organizado procesiones, marchas, fiestas, encuentros y acciones de gracias a Dios[18].  Gobernantes de las naciones, pueblo emancipado y fieles en general han tributado honor y culto a la Madre mercedaria.

 

En torno a este camino de popularidad materna han surgido bulas papales, escritos eclesiásticos, leyes y reconocimientos por doquier. En todo ello se han inspirado escritores y artistas, literatos, poetas, músicos y cantores que han recreado el arte y la cultura en todas sus dimensiones[19]. María, por su merced y misericordia, por su ser Madre liberadora de cautivos al recorrer el camino de la fe, como signo de la humanidad sufriente, ha sabido presentarse como ofrenda en gesto de amor con apertura al Reino, donde ha ganado un puesto de honor en la sociedad cristiana. En algunos lugares donde a veces se opina que hay un trasfondo de maximalismo mariano-cultural patriótico se ha convertido en símbolo nacional (Patrona de las Armas nacionales, Generala, Mariscala); pero mejor aún, su reconocimiento materno es universal.

 

 

María, mujer inculturada, madre de acción y liberación.

 

Partiendo del principio que para ser libres nos liberó Cristo (Ga 5, 1.13), la familia mercedaria llamada a la libertad, a ejemplo de Jesús quien evangeliza a los hombres (cf. Mt 11, 7ss.) en su unidad con María, nos invita a ser levadura y fermento de caridad en favor de la humanidad que sufre y suplica la salvación (cf. Mt 25, 40). Esta complejidad del mensaje promocional dignificante de la Merced se ve reflejado en las notas mariano-constitucionales de 1986; por el cual, nos atrevemos a decir que la Virgen María no sólo es insinuación simbólica textual, ni puro recuerdo del pasado, o una idea pura en la que basamos nuestra espiritualidad y devoción mariana; sino, que ella siendo arquetipo eclesial del cristiano viene propuesta como memoria viva convertida en presencia, inspiración y fuerza de liberación en el fiel compromiso de nuestro existir cotidiano[20].

 

A continuación presentamos las siguientes formulaciones que nos pueden ayudar a considerar el modo de entender la presencia de María en la dinámica evangelizadora mercedaria, experimentando que la santa Virgen con su belleza y oblatividad total de su amor, en línea de fidelidad, nos permite interiorizar la dimensión de consagración, comunión y misión que ha inspirado la Orden de la Merced. Valorando el rol de aquella mujer libre y modelo femenino en la vida de los hombres, María vista como el evangelio viviente para la primitiva comunidad, se presenta también como el recuerdo vivo de Jesús entre nosotros.

 

En este ámbito de reflexión nos viene a la mente una inquietud plasmada en la siguiente interrogante: ¿La Virgen María de la Merced sigue siendo la imagen ideal para el mercedario y el hombre de hoy?. Respondiendo afirmativamente, pensamos que la ejemplaridad y valiosa presencia de María en vista de alcanzar una metamorfosis transformante como hombres nuevos (cf. Col 3, 10) nos ayudará a ser fieles constructores de la nueva civilización del amor.

 

Para entender su presencia y su empeño social de evangelización, nos parece necesario tener en cuenta las siguientes premisas que abordan y canalizan la cuestión bíblica, histórico-mariana en el acontecer mercedario.

María, presencia histórica y prototipo cultural entre los pueblos.

 

Ella, la mujer judía, esposa del carpintero, madre del condenado a muerte, inmersa en un pueblo sediento de salvación es madre inculturada en la Merced.

 

La madre del Verbo Encarnado al ser considerada un dato revelado de nuestra fe es persona en la historia cultural del pueblo judío en tiempos de Jesús. Ella, en su calidad materno-espiritual de nuestra familia redentora, desde su aparición en la ciudad de Barcelona hasta la difusión de su advocación por el mundo nos ha mostrado su participación activa en diversos espacios de inculturación desde el siglo XIII hasta hoy.

Bíblicamente hablando tenemos que reconocer que la joven nazaretana participando del maravilloso evento de la Encarnación, como Madre de Dios y de los vivientes, de los periféricos y desterrados, ha sido una mujer de experiencias vitales. Su identidad judaica, su percepción por la vida, su admiración y realización del cumplimiento de su fiat amoroso la han colocado como mujer y madre prototipo de inculturación del evangelio de Cristo entre los pueblos.

Ella misma, conociendo en carne propia la riqueza y la pobreza de sus conciudadanos, escuchando el llanto lastimero de los leprosos, enfermos y oprimidos, sufriendo la persecución y migración, viene considerada como el modelo personificante capaz de soportar las duras pruebas de la vida. Su acción y liberación integrado en su mensaje de misericordia nos ha mostrado la clave para seguir a su Hijo Jesús; de tal manera que su actitud discipular nos indica constantemente el camino hacia la gracia. Interesada por los hijos predilectos de Jesús, la Virgen María, experimentada en la marginalidad, nos impulsa a ser peregrinos en la fe buscando los nuevos espacios de cautividad actual.

 

 

María, ejemplo de familiaridad con Dios y los hombres.

 

Como Madre de Cristo y de la Iglesia, la Madre del Hijo de Dios es modelo de madre de familia para la sociedad actual. Ella es espacio de reunión, el focolar del hogar, la que inspira y promociona toda  la misión de la Familia mercedaria.

 

Modelada en la Sagrada Familia de Nazaret, la Madre de Dios, vista desde nuestra perspectiva redentora, es redimensionada como persona llena del Espíritu en la constante disponibilidad para aceptar los ofrecimientos divinos. En su calidad de ser la elegida de Dios, embarazada por obra y gracia del Espíritu Santo sin conocer hombre alguno, dispuesta a levantarse y trasladarse de un lugar a otro, de Belén a Egipto, de Nazaret a Jerusalén, de la periferia hacia el centro y viceversa, ha sabido enfrentar las contrariedades presentes en la vida cotidiana.

Vista en el evangelio como la Virgen tratada por Dios como una libertad que se realiza respondiendo responsablemente a los signos de Dios, «madurando en la reflexión su actitud de fe y donación»[21], se presenta como Madre llena de vitalidades que forma, conforma y es parte integrante en la Orden de la Merced cimentada en la Santísima Trinidad y en el esquema tripartito familiar: Nolasco, nuestro padre; María, nuestra madre; mercedarios, hijos de Dios y de María. Su principio materno la configura como Madre del Redentor en cuanto fue preanunciada por los profetas, desposada con José y partícipe del don de la vida.

La Virgen María, visitada por pastores y magos, perseguida por los poderes terrenales a causa de su Hijo es la figura dialogante que actualiza su encuentro con el ángel, con su pariente Isabel, con el adolescente perdido y hallado en el Templo. Como signo expresivo para hacer lo que Él nos mande (Jn 2, 5) es también el modelo de las personas que saben conservar muchas cosas en su corazón (Lc 2, 19.51). Revalorizada como la mujer fuerte desde su fiat materno hasta el pie de la Cruz, cada uno de estos argumentos nos permiten enfatizar nuestro interés en el aspecto social de una María activa en su relación con los signos de los tiempos.

 

 

María, mujer profética, signo de interés en, por y para la humanidad.

 

Como evocadora de la libertad y real testimonio de Dios, María se presenta como gesto y palabra de identificación cristiana comprometida en acciones concretas para el bien común de los pueblos. Su capacidad de convocatoria es signo de una Madre del pueblo que reúne, expone sus ideales y lucha por sus hijos con lealtad.

 

Relacionada litúrgicamente con Judit, quien comenzó a cantar a Dios después que  liberó a su pueblo de las manos de Holofernes (cf. Jdt 16, 1-17), María de la Merced en su actitud dialogante con Nolasco viene predicada como inspiradora de esta obra liberadora; Ella, al ser la llena de gracia, es nuestra fuerza espiritual, orante y reveladora de los secretos de Dios. Así pues, el evangelio siendo mensaje de libertad y fuerza de liberación de nuestros tiempos[22] nos presenta a María como ejemplo de la unicidad y pluralidad de voces, tal como viene expuesto en el pasaje bisagra entre los anuncios y nacimientos del evangelio lucano de la infancia (Lc 1,39-56). Su canto nos sugiere la fisonomía de nuestro trabajo liberador, en cuanto que nuestra opción por difundir una teología de la libertad y de la liberación (cf. Libertatis conscientia, 98) nos exige a participar en la búsqueda de la verdad y la justicia orientada a la comunión con Dios que es causa de salvación para toda la humanidad.

 

En el camino cristiano de la libertad, la Virgen María como figura de esperanza activa en los cambios del mundo en vista de la Alianza, es figura estimulante de liberación en el ámbito eclesial[23]. Ella es la voz de los pueblos, que suplica la libertad de los afligidos de este mundo, del nuevo pueblo de Israel y de la comunidad mesiánica en la cual los poderosos son depuestos, los soberbios humillados, los humildes exaltados, los ricos vacíos y los pobres colmados (cf. Lc 1,50-55). Ella misma es la persona de fe heroica, sostenida y mantenida por su confianza en el misterio a través de los años de la vida pública de Jesús. Para el mercedario, representa el plan materno de Dios y la agenda de actividades salvíficas, espejo de la caridad y la fuerza de la Iglesia misionera que peregrina constantemente para presentar la verdadera libertad: Cristo Jesús.

 

María de la Merced evocadora expresa del Magnificat como palabra social es el alma de Israel y de los pueblos elegidos por Dios, cuyo deseo es anunciar y expandir el mensaje de solidaridad y esperanza que puede reivindicar a la humanidad pobre, sufriente y humillada por los dioses de este mundo, pero sorprendida por la ternura concreta de Dios[24]. «Su canto no es una revolución social con armas ni fuego, cuyo tipo de violencia genera más violencia; sino la entrega de los valores evangélicos a los pobres»[25].

 

Bajo esta perspectiva, la teología mercedaria caminando con esperanza (cf. Novo millennio ineunte, 58) mira al hombre del Tercer milenio con un profundo contenido cristocéntrico para formar una verdadera espiritualidad de comunión que no se agote en la profundización del misterio, sino que abra nuevos caminos de liberación y así comprometernos en la promoción y dignidad de la persona humana. Una riqueza misionera que se tiene que convertir en signo renovado del acontecimiento Jesús en el terreno mercedario, llámese restauración, resurrección, refundación, reinserción, recuperación, renovación, capacidad creativa, marketing, nueva evangelización del carisma fundacional, entre prisa y paciencia, luces y sombras, infortunios y esperanzas que tiene como fin y meta la recapitulación del misterio de Dios entre los hombres.

 

 

 

Fr. Juan Carlos Saavedra Lucho, O. de M.

Maestro General de la Orden de la Merced

Licenciado en Teología con especialización en Mariología

Pontificia Facoltà Teologica Marianum – Roma

Bachiller en Turismo y Hotelería

Universidad San Martín de Porres – Lima

 

 

* Cf. Mensaje y exhortación a la Orden, Capítulo General de 1974, en Boletín de la Orden de la Merced (=BOM) 46 (1974) 41-42.

[1] Considerado un poeta de renovación lírico-personal, Romualdo obtuvo el Premio Nacional de Poesía en 1949. Cf. Alejandro Romualdo, Desde abajo,  Lima 1999, 87.

[2] La Redención entendida como evento salvífico de amor trinitario de principio a fin (cf. Jn 13, 1) es central y significativa en la conciencia cristiana. Al profundizar el misterio de Dios con la inteligencia, pureza de corazón, y simplicidad de los pequeños y santos podemos leer en la cruz de Cristo (cf. Filp 2, 8) el amor de Dios por la humanidad. Sobre el tema se puede reflexionar: Mensaje del Capítulo General de 1998 que trata de releer a Cristo Redentor, Maestro y modelo del mercedario. Cf. Aa.Vv., Actas y documentos del  Capítulo General, San Felice Circeo, Italia 1998, en BOM 70, nº extraordinario (1998) 119-136; el mismo documento en Obra Mercedaria 53 (228) 29-47; Xabier Pikaza, «La vida mercedaria según las Constituciones y la Regla [de san Agustín]», en Aa.Vv., Espiritualidad mercedaria. Cristo Redentor, nuestro maestro y modelo, suscita la obra de “visitar y redimir” a los cautivos, III Curso de formación permanente, Curia general de la Orden, Roma 1999, 264-272. Respecto al carisma se puede ver: Ernesto González, «El carisma mercedario en la historia», en Estudios 35 (1979) 5-32; 231-248; Aa.Vv., Carisma y espiritualidad de la Orden de la Merced, Roma 1979; Aa.Vv., Reflexiones acerca del carisma mercedario, Roma 1981; Elías Gómez, «Sobre espiritualidad mercedaria», en Aa.Vv., La Orden de la Merced, en Estudios, Madrid 1970, 186-187. Otros documentos como: Comisión Teológica Internacional, «Cuestiones selectas de Dios Redentor», en Gregorianum 78 (1997) 421-476; Idem, Dignidad y Derechos de la persona humana (1983), en Cándido Pozo (a cur.), Documentos 1969-1996 (BAC 587), Madrid 1998, 305-325; y/o «La croce di Cristo speranza del cristiano. Il mistero della Redenzione», en La Civiltà Cattolica 152 (2001) vol. I, 547-559.

[3] Cf. Xabier Pikaza, «Liberación Mercedaria», en Analecta Mercedaria (=AM) 2 (1983) 281-315; Idem, «María liberadora. Trasfondo evangélico y novedad mariana del Magnificat», en Ephemerides Mariologicae 38 (1988) 295-334; Xabier Pikaza-Segundo Galilea, «Libertad», en Nuevo Diccionario de Mariología, 1063-1090.

[4] Es verdad que la dignidad inherente a creyentes y no creyentes muchas veces veces mal orientada y asumida pone en juego la constitución unitaria del ser humano, coapta su libertad, lo hace indigno de su conciencia moral y lo encamina aceleradamente en el máximo enigma de la vida humana, la muerte. Por ello, nuestra misión está en anunciar el Evangelio que proclama la libertad de los hijos de Dios, rechazando todas las esclavitudes que derivan en última instancia del pecado. La dignidad humana requiere por tanto, que el hombre actúe según su conciencia y libre elección La temática y publicaciones sobre los Deberes y Derechos de la persona humana es inagotable. Para un acercamiento del tema, se puede consultar: Concilio Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, 07-12-1965, nn. 12-22. 41, en AAS 58 (1966) 1025-1120; EV/1, 791-813. También es interesante la intervención del papa Juan Pablo II en la reunión promovida por la Organización de las Naciones Unidas en el vigésimo aniversario de la declaración de los Derechos del hombre (cf. Pablo VI, Mensaje en la Conferencia Internacional de Teherán Nous avons apprais, 15-04-1968, en AAS 60 (1968) 283-286; EV/S1, 144-151). En línea carismático-mercedaria están los trabajos editados por el Instituto Histórico de la Orden, como son: Aa.Vv., Los mercedarios y la Nueva Evangelización. Mensaje del Capítulo General de la Orden de la Merced, Roma 1992; Luis de Brito, Misión redentora y Nuevas formas de cautividad. Reflexiones sobre la palabra mercedaria, Roma 1996, Anselmo Espinoza, La persecución religiosa y el carisma mercedario, Roma 1999.

[5] Cf. Xabier Pikaza, La Madre de Jesús. Introducción a la Mariología, Sígueme, Salamanca 1990, 182; Idem, Santa María de la Merced. Introducción bíblica, Subsidios 1, Roma 1995, 148-171; Mercedes Navarro, María, la mujer. Ensayo psicológico-bíblico, Publicaciones Claretianas, Madrid 1987, 258-277.

[6] Bruno Forte, Maria, la mujer icono del Misterio. Ensayo de Mariología simbólico-narrativa, Sígueme, Salamanca 1993, 9.

[7] Teólogos, mariólogos y biblistas hablando de la cuestión tipológica de María reconocen que el P. Lyonnet en su artículo publicado en 1939 en la Revista Bíblica aperturó el camino de reflexión entre la relación del saludo del ángel con la Hija de Sión profetizada en el Antiguo Testamento: cf. E. G. Mori, «Hija de Sión», en Nuevo Diccionario de Mariología, 824-834; Stefano De Fiores, María en la teología contemporánea, Sígueme, Salamanca 1991, 50; I. de la Potterie, «La figlia di Sion. Lo sfondo della Mariologia dopo il Concilio», en La Civiltá Cattolica 39 (1988) vol. 4, 535-549; Xabier Pikaza, «Hija de Sión, origen y desarrollo del símbolo», en Ephemerides Mariologicae 44 (1999) 9-43.

[8] Stefano de Fiores, Maria, Madre di Gesú. Sintesi storico-salvifica, Corso di Teologia Sistematica 6, EDB, Bologna 1992, 47-52. 199-211.

[9] Cf. René Laurentin, Maria chiave del Mistero cristiano, Cinisello Balsamo 1996, 6.

[10] Cf. Gabriel M. Roschini, «Merced», en Diccionario Mariano, Ed. Litúrgica Española, Barcelona 1964, 443-445.

[11] Carlos Cardenal Oviedo Cavada, Documentos pastorales, I, Santiago 1998, 56.

[12] Cf. Xabier Pikaza, «María de la Merced, Redentora», en Marianum 45 (1983) 583-584.

[13] Algunas consideraciones sobre María y lo social. Cf. Clodovis Boff, Mariología sociale, Facoltá Teologica Marianum, Roma 2001, 7; Idem, «Dogmas marianos y política», en Marianum 62 (2000) 77-167; Xabier Pikaza, «Palabra social», en La Madre de Jesús…cit., 139-144; C. Escudero Freire, «María pobre, asociada a la liberación de Jesús», en Ephemerides Mariologicae 29 (1979) 33-52; Víctor Codina, «Mariología desde los pobres», en Ephemerides Mariologicae 47 (1997) 223-236.

[14] Cf. Xabier Pikaza, «Maria, la prima persona della storia», en Aa.Vv., Come si manifesta in Maria la dignità della donna, Centro di Cultura Mariana Mater Ecclesiae, Roma 1990, 10-47.

[15] Así viene anotado el título particular de la Virgen, en el Libro de Crónicas del Archivo Mercedario de Arequipa (=AMA), nº 5, folio 67v. (el texto hace alusión al Decreto del 17 de julio de 1832; y dice: véase además Ley del 1º de octubre de 1839, del 13 de mayo y 1º de julio de 1848).

[16] Algunos apuntes para profundizar sobre María de la Merced: Gumersindo Placer,«La Virgen de la Merced, Patrona de Jeréz de la Frontera», en BOM 26 (1954) 25-32; Alfonso Morales, «La Santísima Virgen de la Merced en Chile», en AM 5 (1986) 175-195; José Brunet, «La Virgen de la Merced y sus diversos patronazgos en la república Argentina», en AM 6 (1987) 201-284; Hilda Zerdá, «La verdad sobre la imagen de la Merced, a la cual Belgrano entregó su bastón de mando el 27 de octubre de 1812», en Estudios 46 (1990) 21-36; Cayetano Bruno, «Nuestra Señora de las Mercedes en la vida del General Belgrano», en AM  11 (1992) 339-394.

[17] Por citar un ejemplo tenemos el libro del P. Manuel Rodríguez Carrajo, Santuarios marianos mercedarios en España, Lancia, Madrid 1989. Además, una breve referencia al respecto se puede ver en mi artículos titulados: «Una vía mariana en la Basílica de la Merced de Lima», en BOM (Perú) 19 (2000) 187-193; y «La “Dolorosa de la Merced” y su Cofradía. Apuntes históricos sobre su devoción y culto en la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Merced de Lima», en BOM (Perú) 19 (2000) 223-231.

[18] La propagación de la devoción mercedaria ha sido muy sentida en los lugares de evangelización redentora. Así lo esbozan algunos escritores: Joel L. Monroy, La Santísima Virgen de la Merced de Quito y su Santuario, Labor, Quito 1933, Idem, Miscelánea mercedaria, I, Labor, Quito 1939; Mario Tallei, La devoción a la Sma. Virgen de la Merced en el dpto. de Maipú, Argentina 1953; Idem, «María de la Merced en Mendoza», en Estudios 138 (1982) 379-392; Severo Aparicio, «La Virgen de la Merced Patrona de las Armas del Perú», en BOM 47 (1975) 331-334; Idem, Devoción a la Virgen de las Mercedes en el Perú. Breve historia de su culto, Cuzco 1980; José Vicente Agreda, «Nuestra Señora de las Mercedes de Pasto», en Regina Mundi 17 (Bogotá 1983) 117-125, 249-260; Alfonso Morales, Historia General de la Orden de la Merced en Chile (1535-1831), Santiago 1983, 289-295; Antonio Rubino, I mercedari in Sardegna (1335-2000), en AM 19 (2000) 231-234.

[19] A nivel de reflexión artística, literaria, antología, y poética publicada en los últimos años podemos mencionar a Guillermo Hurtado, Antología Hispanoamericana a la Virgen María de la Merced, Los Andes, Quito 1978; Luis O. Proaño, La Virgen Quiteña de la Merced y sus  históricos trofeos, Quito 1978; Luis Vázquez, «María en cuatro poetas mercedarios del s. XVII», en Estudios Marianos 49 (1984) 105-145; Juan Marcial Tejada, La Virgen de la Merced en la poesía, Amazonia Print, Lima 1996.

[20] Sobre el perfil mariano de nuestras Constituciones me remito a mi tesis de Licenciatura titulada: La presencia de María en las Constituciones mercedarias (1986), Pontificia Facultad Teológica Marianum, Roma 2001-2002, 92 pp.

[21] S. de Fiores, Maria nella vita secondo lo Spirito, Piemme, Casale Monferrato 1998, 158.

[22] Cf. Congregación para la Doctrina de la fe, Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la liberación «Libertatis nuntius», (Introducción), en AAS 76 (1984) 876; EV/9, 866.

[23] Cf. Gustavo Gutierrez, Teologia de la liberazione. Prospettive, Brescia 1972, 207. Sobre libertad, amor y solidaridad se puede ver en: Idem, Beber en su propio pozo, en el itinerario espiritual de un pueblo, Lima 1993, 124ss.; El Dios de la Vida, CEP, Lima 1989, 309ss.

[24] Cf. Carlo María Martini, María, la  mujer de la reconciliación, Sal Terrae, Santander 19873, 49.

[25] Alfonso Morales, María, Madre de Dios para los hombres, Santiago de Chile 1999, 69. Invitado para dirigir una ponencia entre los religiosos mercedarios reunidos en Roma, el P. Ignazio Calabuig, Rector de la Pontificia Facultad Teológica Marianum abordó el tema de los Elementos de espiritualidad mariana en la Orden de la Merced, doctrina, espiritualidad y devoción a la luz de las Constituciones mercedarias. Como síntesis de su aportación, presentaba la premisa genuina y mariana de la Orden, que llena de espiritualidad y tradición debería ser vivida; porque encontraba la importancia de su raiz trinitaria y las razones de su marianidad como motivos suficientes que permitían a los mercedarios ser continuadores de esta obra del Redentor. Destacando el binomio Visitar-Redimir (liberar) manifestaba que la visita en lenguaje mariano es la expresión de júbilo, danza, y descubrimiento del dato revelado; es decir, la alegría de salir del encierro, un viaje apostólico que nos recuerda la vida de Cristo en el seno de la Madre al encontrarse con su pariente Isabel. Por ello, añadía, que el canto teológico del Magnificat tiene mucho que decir a la Orden de la Merced, que realiza el proyecto liberador de Dios entre los hombres (cf. Registro radiofónico, en ponencias del V Curso de Espiritualidad mercedaria, Roma, del 2 al 26 de octubre del 2001).

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